lunes, 10 de agosto de 2009

Nombres

Cada cosa tiene su nombre. Hasta que no la tiene, no existe. No existe nombre sin cosa.

Por tanto, esto que nos ha pasado a ti y a mí no ha pasado porque cada uno parece haber huido isófenamente de cualquier nombre.

Entonces, desengañémonos: no hubo ni besos de cerveza ni abrazos, ni paseos a la luz de la orilla por la luna, ni dudas sobre si el día siguiente habría fermentado el sabor de tu boca... Tampoco hubo desafíos al exponerlas, ni miedos al comprobarlas.

No, te amó otro y otro te arrancó el agua de las entrañas mientras recorría los caminos de tu espalda caracoleándotela con sus yemas mientras un otro otro te besaba.

No hubo nada porque todo nos fue suficiente para no necesitar ser nombrado. Incluso su noticia es falsa.

Y sin embargo, cada vez que me llene el pecho de tus sábanas recordaré que por pijama tuve tu piel y que no fui más capaz de dormir con ella que de observarte felizmente en silencio, mientras nuestros cuerpos proseguían con su diálogo.

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El gatuperio insomne

Bajo la concha

En la playa, bajo una concha encontré la boca de una botella enterrada, cerrada con un tapón de corcho. La desenterré, le sacudí la arena y la limpié cuidadosamente. Cuando miré al trasluz pude observar como en su interior se acartonaba un papel. Abrí la botella, lo saqué, y ahíto de emoción contemplé largamente unos dibujos que había, maravillosamente finos y seguros de trazo. Casi al final, leí estas palabras: «En la playa, bajo una concha encontré la boca de una botella enterrada...»

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El gatuperio a cinco voces

jueves, 6 de agosto de 2009

Diálogo corroblero

—La ataraxia es un estado de serenidad que dimana del alejamiento de cualquier estado pasional. Esa serenidad permite un análisis de la vida cuya finalidad última, en el caso de quien dice, debe ser conducirse por el camino más tranquilo posible.
—¿Y a dónde lleva ese camino?— pregunta una voz.
—Pues dónde no estés tú ni ninguno del resto.
—Ya. De ahí lo de «gatuperio»...

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El gatuperio chispo

lunes, 3 de agosto de 2009

No more I piruls you

No te engañes. Puedo aceptar que me engañes a mí, e incluso al resto. Pero me niego a creer que seas víctima de tu propio embuste.

Me niego. No es posible. Esa filfa no te pasa por la tráquea.

A lo mejor la llave que cierra tus ojos no es la misma que cierra tu insomnio. Rebusca bien en tus faltriqueras, tal vez compartan doble fondo con tu hipocresía.

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El gatuperio melao

domingo, 2 de agosto de 2009

Siempre fuiste una playa

Siempre fuiste una playa. Con una orilla entre los pinos y el mar, y olas suaves, y arrullos al norte de poniente.


Pero así como tenías una arena blanca y fina, no era tuya. Y a años hubo más, y menos. Y esa orilla cuajada de ojos de santa Lucía avanzaba y retrocedía a la medida de los caprichos del invierno.

Siempre fuiste la playa en la que les crecían las piernas a las sirenas y los cangrejos ermitaños podían dejar los zapatos a la puerta de sus caparazones cuando se retiraban a dormir..

Por eso, ahora que paseo por aquí se me clavan algas secas cada vez que recuerdo que sigo solo...

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El gatuperio paguroideo

viernes, 31 de julio de 2009

Conductualismo

El gatuperio es consciente de que cualquier camino lleva a algún sitio.

Y si alguno lleva a ninguna parte, lleva pues a su principio.

Otro, todavía, no se dará cuenta de que está mordiéndose la cola, como hacen los perros en furiosos corros consigos...

Y alguno, más allá, todavía creerá que la culpa no es suya.

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El gatuperio ducto

sábado, 25 de julio de 2009

Conócete a ti mismo

El gatuperio cree jújopemente que Naguib Mahfuz era un socrático convencido cuando resumió toda poesía afirmando que al leerla podía entender lo fácil y que se contentaba con seguir su ritmo cuando era difícil...

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El gatuperio marfuz

miércoles, 22 de julio de 2009

Gratulación de los tres porqués

Contigo, en este momento, el gatuperio se gratula de poderte decir muy claramente que todo aquello que tú le has tirado a la cara como un esfuerzo y un sacrificio, él ya lo tiene más que cumplido sin por ello haberlo pintado del color del quid pro quo.

Porque lo que para ti fue normal, para él pudo ser un martirio. Porque lo que tú reclamaste como sudado por tu esfuerzo, él ya lo había recogido durante la travesía de la esperanza de un futuro común. Porque cada vez que se te caía algo y desdeñabas su porvenir, él te remendaba el hatillo, te cosía los bolsillos y te cerraba las alforjas creyendo firmemente que lo siguiente podía ser tu propia soledad.

Y, pese a todo, finalmente cayó, y por ello nos gratulamos el uno con el otro.

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El gatuperio pasionado

lunes, 6 de julio de 2009

Mareaje


En este mar, la marea sube y baja. Si sube puede ahogar, pero también tragar. Si baja puede descubrir, sensu contrario: recordar.

Quiero que se trague todo lo que me gustaría que no se ahogara. Quiero que recuerde todo lo que no debe olvidarse, pero que no nos descubra nada.

A ratos emergen las cuadernas de un barco, costillares de un pecho en que ya no late ningún corazón. Me encantaría embarcarme en ellas para que la marea me llevara en su viaje, pero la cornamusa del miedo y la esperanza me atenaza, y sin llegar a saber miedo a qué o esperanza de qué, me veo amarrado mientras ella sube y baja...

Pleamar, bajamar...

Y entonces recuerdo dulcemente que su beso no cesa más que en las noches calmas en las que quiere que le haga un amor de vaivén.

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El gatuperio protomareal

lunes, 29 de junio de 2009

Camelo en quinta

Yo también sé desafiar al tendido y engañarlo con una faena falaz desde los medios...

Y si lo hago, después tendré los arrestos para arrimarme hasta más allá de los pitones para que cuando el toro derrote, tiña la mentira del rojo cierto de esta mi sangre que ahora bulle de rabia.

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El gatuperio boyante

miércoles, 17 de junio de 2009

Dones

Sucede que hay cosas que ocurren en todas partes, de la misma manera y que no puedes controlar.

A veces, incluso, a un tiempo.

Entonces quisieras ser ubicuo para poder huir de todo a la vez, pero en vez de eso la clariaudiencia te machaca sin piedad...

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El gatuperio bilocado

viernes, 5 de junio de 2009

No te hace bien

Deja de llorar por las esquinas y de reprocharme sobre los hombros parciales de gente tan amiga que, por verte partir con la música a otra parte, te dará una razón que no tienes ni podrás tener. Alguno, incluso, se entrerreirá de ti...

No te hace bien. Y lo sabes.

Deja de verme con la mirada del remordimiento y mírame a los ojos. Asume tus errores. Asúmelos.

Nadie te absolverá de ningún pecado si no te me arrepientes. Yo no te perdonaré nada si no te disculpas. Y aunque lo hagas, a lo mejor tampoco...

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El gatuperio afiriente

martes, 2 de junio de 2009

Espuroca


Como la roca en que porfía y porfía el mar, me siento invulnerable.


Y aunque de cuando en cuando me desgajéis algún que otro cachito en algún arranque de ira, yo sé que no podréis conmigo.


Y aunque de cuando en cuando me cubráis con el beso de Judas, yo sé que no podréis conmigo.


Así que sabedlo: de la unión de la espuma con la roca no es posible que muera nada.

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El gatuperio róqueo

miércoles, 27 de mayo de 2009

IIXIIXII

IIXIIXII

Ya no vale acordarse
del camino que tomaste
para llegar hasta aquí,
del color del cielo
antes de que te anocheciera,
de las manos que te acariciaron
mientras ibas partiendo,
de las lágrimas que inundaron
las calles de mis pasos.
No vale. Es querer abarcar nada.

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El gatuperio ceptor

domingo, 10 de mayo de 2009

Metaficción

Un Cide Hamete Benegeli me ha escrito este correo electrónico:

      Distinguido señor Gatuperio,

      Tras haber leído muchos de sus escritos, deseo complacerle haciéndolo sabedor de un hecho particular. Anteayer, mientras conversaba tranquilamente con quien tal vez no debiera, enuncié esta teoría:

      La vida pone a todos y cada uno en su lugar. Tarde o temprano cada persona encuentra el final de su camino. Puede ser que alguna llegue a dar muchas vueltas, pero tan cierto es que llegará a su sitio como que algunos tomaron una línea recta que no abandonaron. Y si alguno llega a algún sitio y no es el que nos parece que le corresponde, es porque estamos equivocados y no hemos tenido en consideración de manera correcta la circunstancia que nos pone en relación con esa persona.

      Durante el silencio que poscedió me di cuenta de que había hablado como lo hubiera hecho el verdadero Gatuperio Ataráxico.

      Con estas letras espero simplemente hacerle llegar mi halago con una venia genuflexa en prueba de mi devoción.

Y yo le digo a este señor que no crea que me lo creo, que no por haberme tomado en serio alguna vez voy a creer que se halla en otro lugar.

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El gatuperio que sierva

miércoles, 29 de abril de 2009

Desamanecer


Por un momento me has mirado largamente.

Sí, tú. Tú me has mirado largamente. Y no creas, me ha dado tiempo a descubrir que mientras en un ojo se te muere el sol del rencor, en el otro te resquema un amanecer radiante.

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El gatuperio estereoscopicado

domingo, 26 de abril de 2009

Es una tarde de las que tardan



El actor principal hoy es un sol que no ha caído a plomo.

Este teatro no cobra la entrada para ver la función. No hay asientos de platea y el gallinero está imposible. Encuentras un lugar en alguna parte.

Sólo consigues abstraerte pensando qué más puede consumirse.

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El gatuperio crepuscular

sábado, 11 de abril de 2009

Noticia de Worcester

Me perdería la arrogancia si dijera que esperaba tus visitas. Bueno, tal vez más la segunda que la tercera, y siempre estas dos más que la primera. De todas formas, es totalmente falso que esas secretas esperanzas fueran auténticas esperas.

Tú ya me conoces de sobras y sabes que escribo así lo que siento asá.

Ha pasado poco más de un año y el tiempo te ha dado la razón: no soy de fiar ni de confiar. Ese camino que en su momento tomaste a mí me iba a llevar a ninguna parte, y es de justicia reconocerte que aunque pudiera parecer que la luz del sentido común no lo iluminaba demasiado, sí lo iluminó lo suficiente.

Al final, tanto fotografiarte puestas de sol fue el refugio de las ansias de amanecer; tal vez por eso lo que desde esta lejanía es mi ocaso, desde allí donde tú estés es tu despertar.

A todo esto, recuerdo con un punto de melancolía cómo el principio coincidió con la muerte de Umbral y cómo, pese a lo mucho que ha llovido y los muchos charcos en los que me he ido metiendo, sigo siendo tan vanilocuente como él sublime.

Puedo esforzarme en decir mucho porque sé que al final no habré dicho nada. Tal vez ni mereceré una tira de Mafalda por respuesta.

Y sabes que no me dará igual porque sabes que cualquier cosa que hagas será interpretada como respuesta. En sazón, lo más que me va a suceder es que no contestes, entonces ya sabré que no quieres saber nada; y eso es precisamente lo que más me va a doler: constatar como tu necesidad de aprender no pasa bajo el puente de mi estupidez.

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El gatuperio bimembre

martes, 7 de abril de 2009

Mirares adversativos

Tú me has visto y me has mirado más de la cuenta. No has parpadeado. No has dicho nada. No te ha importado lo que un poco más tarde hubiera podido suceder.

Uno podría pensar que parece claro que que tu futuro no es el mío, pero otro cree que cuando miras no miras pero miras, porque está convencido de tu mirada adversativa y de tu capacidad de ver lo que otros no ven donde ven lo que ven; a lo mejor es porque ves cosas que sólo quieres que puedan ser vistas por ti.

Yo sé que miras hacia dentro. Y que cuanto más lejos clavas más adentros miras. Y eso te impide apreciar lo que hay en tus afueras. Pierdes el tiempo en procurar que nadie más husmee en tu interior.

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El gatuperio lleco

miércoles, 1 de abril de 2009

Sendas de yerro

Trufado de reniegos, baldones, oprobios e imprecaciones, el camino de la culpa se recorre siempre con el rabillo del ojo, más pendiente uno de lo que sucede detrás, por si pudiérase rehacer, que no delante.

Calzarse con emperros no permite llegar más lejos; abjurar puede ser de cobardes, temerosos ellos más del infierno en la Tierra que de la espera, eterna, del tren de la redención en el andén de la culpa. Ese viaje al sueño de los justos sólo puede darse en comunión con uno mismo, asumido todo lo asumible y sin otro lastre que el de la propia propuesta de mejora. Esquivar cualquier intento de vindicación que no brote del propio manantial del sentido común se hace también imprescindible.

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El gatuperio estigmatizado