domingo, 31 de octubre de 2010

Probier

Te arracancaste cangrejos de los dedos por amor al comercio. A ratos pienso que no hay peor infierno que aquel en el que estés tú...

Y que conste que no renuncio a ningún hallazgo.

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El gatuperio llisto

martes, 19 de octubre de 2010

Ver, oír y callar

Mejor hubiera sido no ver nada. Pero nada. Y callar, sonreír un lento silencio arrastrado sobre todo aquello que mejor no hubiéramos visto, procurando no levantar el polvo de la necesidad de saber si hemos reparado en las mismas cosas, si las juzgamos sobre los mismos códigos, si las callamos por los mismos motivos.

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El gatuperio trébede

jueves, 14 de octubre de 2010

Gacío

Harto de vacío, te preguntas por dónde entraste en él. Lo sabes muy bien, no lo has olvidado ni por un momento, lo tienes tan a mano que ni tan solo te engañas con falsos recuerdos e idealizaciones.

Harto de vacío, sin salida posible. Por eso es el vacío.

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El vacuoperio

viernes, 1 de octubre de 2010

Renovación

Estos últimos días, el gatuperio se sorprende a menudo recitando aquello de...
Renovación, revolución,
sacudirse el yugo del tiempo
y ser eterno.

Muerte, corazón y tradición,
llora en el jardín de los cipreses
por lo que nunca hiciste,
en contraposición a lo mucho que lo deseaste.

Y claro, así no hay quien se concentre...

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El gatuperio retrospectivo

jueves, 16 de septiembre de 2010

Mudencias

Cómplice de tu sonrisa, tu silencio se esparce arropando cualquier duda... Central, rosa de todo viento, apuntado por todas las brújulas, se alía con esa mirada ya conocida de «piensa lo que quieras, que yo ya sé cuánto te necesito...»

Para lo bueno y para lo malo.

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El gatuperio evanescente

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Olvidar

A la hora de olvidar, prefiero olvidar los buenos momentos, dejar que se doren al fuego lento de su melancolía y que se fundan en una sensación tranquila y apacible, mézclandose en su último momento con otros similares.

—¿Y los malos recuerdos?
—Esos se atesoran con mimo. Todo debe tener su punto amargo...

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El gatuperio amarescente

martes, 7 de septiembre de 2010

Indefinidos

Mucho antes del principio no éramos nada que fuera algo.

Durante el principio, tampoco éramos nada, aunque ya empezábamos a ser un poco de algo; no es que fuéramos mucho más que nada, pero ya era bastante.

Un tiempo tras, ya siendo bastante, decidimos no ser todo. En efecto, no éramos todo, aunque cuando estábamos lo fuéramos sin querer serlo. Cuando no estábamos éramos nada, un nada con un poco de algo, pero no el poco de algo del principio, sino un poco de algo de más tarde (que es tan algo que se acerca a poco de todo).

Ahora parece que somos mucho, estemos o no estemos, queramos o no queramos (aunque lo somos porque queremos, pese a que haya alguno no sepa qué y algún otro que sepa demasiado).

Y quienquiera que se atreva a querer más, mucho más, bastante más, todo más e incluso más de todo, no va a querer nada diferente que el demás que no se atreve a nada ni a menos que nada.

Y en eso estamos.

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El gatuperio difuso

viernes, 27 de agosto de 2010

Adiós

—De acuerdo... Pero ten muy claro que nadie te querrá nunca como yo.
—Ni Jamás.

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El gatuperio al punto.

jueves, 26 de agosto de 2010

Calma

El mar, quieto, en bandeja; sin olas, sin viento, sin corrientes, sin orilla ni arrullo, callado con ese silencio de cuando miro sin mirar y estoy conmigo sin estar.

El mar, desnudo y sin azul, casi que sin sal ni misterios, mudo, sin el murmullo de la brisa por entre las torres de los castillos de arena.

El mar, falso como las verdades de las caracolas y los contratos de arrendamiento de los cangrejos ermitaños, conteniendo la respiración cada vez que pienso en ti...

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El gatuperio en su orilla

viernes, 20 de agosto de 2010

Wis

El gatuperio daría cualquier cosa por sentir lo que siente ahora mismo el resto de sus días. Pero sabe que precisamente por eso, porque no es cualquier cosa lo que debe dar, debe apurarlo hasta las heces...

O decidir. O decidirse para siempre...

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El gatuperio consin

miércoles, 18 de agosto de 2010

Otros momentos

Te necesito cuando te necesito, no en otro momento. El problema es que empieza a haber otros momentos que están disconformes con su «en»...

—¿En qué lo notas?
—En que si hablamos empezaremos así cada frase...
—Entiendo...
—¿Entonces?

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El gatuperio palilálico

martes, 17 de agosto de 2010

Sobre las olas

Hay un quien que no quiere nada. El otro quien lo quiere todo. Entremedio no hay camino, ni espacio posible con que graduar adecuadamente las apetencias.

Un quien besa con los ojos cerrados, sabedor del triunfo de sus labios; el otro, no los cierra, besa vigilante con el celo del policía que está atrapando al más buscado delincuente.

—¿Cómo sabes si cierro o no los ojos?
—En realidad, no lo sé...

Y los dos sobre las olas. Un quien no nada y se ahoga; el otro, todo y se desahoga.

Y en eso estamos.

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El gatuperio a besos

martes, 10 de agosto de 2010

Urgencia

Ligero, ligero, gatuperito...

Corre, que el tiempo no te atrape, ni te roce, que su zarpa no te despedace contra los días y las horas y su aliento no te lance contra las manecillas mareadas de tanta docena...

Ahí, cabalga la ola de las prisas y besa con ella, veloz, la dorsal de todas las orillas que infructuosamente hayan querido pactarte...

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El mezzo del gatuperio

domingo, 8 de agosto de 2010

Arena entre los dedos

Ahora que ya estás otra vez frente a ese mar que tanto te atrae, y has dejado de querer alejarte tan pronto como te haya entrado por los sentidos, abandona la orilla y adéntrate en el agua hasta las rodillas, siéntate justo donde la ola es espuma y aguanta...

Si coges arena notarás que se te escurre entre los dedos como el tiempo, sin poder evitarlo, y aunque la saques fuera del agua seguirá yéndose, y, aunque cierres los dedos, seguirá yéndose... Y seguirá y seguirá yéndose hasta por los intersticios de tu experiencia.

Y, si algo queda, no lo olvides, no lo maletiquetes en los baúles de la memoria abriendo las palmas contra la espuma: lo que podía diluirse ya se diluyó, lo que podía escurrirse ya se escurrió... Y tú no eres nadie para deshacerte de lo que se te quedó...

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La ribera del gatuperio

lunes, 2 de agosto de 2010

Tras los puntos suspensivos

Tras los puntos suspensivos existía el infinito; era cuando te ensortijaba los cabellos con los dedos mientras te besaba lárgamente las comisuras y el cuello. Y tu sonrisa era una sonrisa, y tus brazos me sostenían para no caer en él.

Todo ello era apreciable porque me concentraba en señalizar los caminos de tu espalda en un intento de recorrerlos con los otros dedos sin pasar dos veces por una misma encrucijada, convencido de que por algún lugar se llegaba a alguna parte.

Tras los puntos suspensivos existía ese lugar, desconocido y agradable, una estación terminal en la que descubrir nuevas sensaciones y apacentarse a la vera del tiempo sin que su fluir preocupara nunca más.

Yo lo ví, yo lo vi como veo ahora que nunca habría podido llegar a él solo y sin ayuda, y que todas las cartas, los planos y los mapas que llevaban allí eran billetes dobles...

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El marear del gatuperio

viernes, 16 de julio de 2010

Puntos suspensivos

Si la vida ordenara su periodos con signos de puntuación ahora mismo estaría en el primero de los puntos suspensivos. Y en esa dulce incerteza te haría un hueco para que pudieras domirte a mi lado y te arroparía con paréntesis de invierno y sobrecamas de punto y aparte.

—¿Y por qué no lo haces?
—Porque tras los puntos suspensivos se halla el infinito...

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El gatuperio cran

Pensar mucho

Pensar mucho en el final de algo implica desatender su propio desarrollo. Es la perversión del que no quiere un determinado final y con tal de no tenerlo modifica todo un curso. Entonces lo que deviene ya no es nada de lo que pudo ser.

Pensar mucho en el principio de algo no parece muy contrario a lo anterior, pese a que implica desgobernar suficientemente la nave como para que entre en cualquier rumbo de colisión. Entonces sucede lo que sucede.

Uno prefiere centrarme en el presente, vigilar y manejar con la destreza de la conciencia; saberse completo a cada momento y satisfecho de la experiencia.

Pero, por desgracia, para llegar a esta conclusión uno ha tenido que pensar mucho...

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El gatuperio ocurrido en sexta

jueves, 15 de julio de 2010

Revuelto

Sucede que me preocupa el durante, y no puedo dejar de pensar si es por el antes o por el después. Y lo peor de todo es que pese a que sea durante, aún no ha llegado, por lo que es un tras ahora.

—Entonces ahora te precupa lo que venga tras ahora.
—No, me preocupa durante ahora.
—No, no, todavía no es ahora, por lo tanto no puede preocuparte lo que no está sucediendo.
—Por eso no sé si es antes o después.
—Pues si no va a ser ni uno ni otro, preocúpate por el jamás.
—Y si son los dos, ¿no será mejor preocuparse del siempre?
—Ya estás en el siempre... No le tengas miedo.
—Y yo que creía estar en el nunca...

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El gatuperio gatuperio

lunes, 12 de julio de 2010

Rizos

Escaleras abajo se te escapan los rizos hacia mundos increados, incoloros e inconcretos. Cuento espejos con la esperanza de reflejarme en tinguno.

—En ninguno
—En tinguno.

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El gatuperio liso

lunes, 5 de julio de 2010

Consulta

El gatuperio cumple sus máximas mientras espera que otra no sobrepase sus marcas, pero al final, se traiciona a sí mismo, desesperado ante la constatación de marcas elásticas y cabellos al son ágrafo de una noche de verano.

Y en eso está, sentado en la sala de espera junto a la afasia, la discalculia y la disartria.

—Oye, ¿y tú a qué vienes aquí?
—A enseñarte mi etiología...

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El gatuperio bastardo

sábado, 3 de julio de 2010

Hiperbolia

En un espacio euclídeo, la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos.

—¿Y en uno gatuperiano?
—Es cualquier segmento que atraviese tu marca...

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El gatuperio elíptico

sábado, 26 de junio de 2010

Sosquín

Existe una tristeza paralela a la realidad. Existe un puño que aprieta el estómago, sin dedos ni uñas. Existe un desasosiego que no aparece en ningún diccionario porque todo el mundo sabe que sobreviene cuando se es huérfano de abrazos y confianzas.

Existe una melancolía de otros tiempos que solo la esperanza en el mañana mitiga, aunque cuando llegue uno constate que siempre es hoy y nunca mañana...

Y en eso estamos, en soslayar...

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El gatuperio aterido

lunes, 21 de junio de 2010

Concierto

Que podía tocar el tambor de tu espalda con las yemas de los dedos, era algo que sabía. Que su piel era tersa pero firme, era algo que intuía. Que al son de la melodía los dedos me iban a recorrer buena parte del país de mis deseos, era algo con lo que soñaba...

Pero que la orquesta de tus labios, al compás marcado por la batuta de tu lengua, tocara una melodía de acompañamiento... No estaba previsto.

Tendremos que volver a concertarnos...

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El gatuperio solista

Furia

A uno le gustaría poder detenerse en una sensación y experimentarla en su plenitud, de tal manera que no hubiera ni resquicios ni alividaderos ni recovecos en ella... Y eso ocurre cuando la tristeza deviene en única y verdadera, como el sol de mediodía de agosto; o cuando el odio aflora por los poros como la sangre por las heridas abiertas...

Entonces sucede que las lágrimas se convierten en lo más dulce que puede percibirse y por el estómago caen a un agujero negro todas las convenciones sociales. Uno quiere estar solo y con soledad se acoraza de otros y del resto.

Quiero esa emoción para dominarla y forjarme con ella una mirada que me permita incendiar corazones y una lengua que pueda morderme sin que su veneno ni su furia me puedan. Quiero esa emoción para afilar en ella el cuchillo de la venganza y tenerlo siempre preparado...

Y la quiero ya.

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La saña del gatuperio

viernes, 18 de junio de 2010

Decadencia

Atardecen las sombras.

El camino ha sido largo. A pie de arena él da calada tras calada. Ella le marca la distancia sin dejar que se acerque. Él da una calada larga y antes de hablar sopesa cada palabra.

—No quiero que hipoteques tu futuro con un tipo como yo, muñeca... —dice con seguridad mientras expulsa el humo, tras acabar añade— Mereces algo mejor.
—Oh, no, Hunfredo, no digas eso —protesta ella mientras cierra los puños fuertemente queriendo contener lo incontenible, pero le es inútil —. Yo... Yo te amo, Hunfredo...
—Nena, todavía eres demasiado joven como para saber lo que dices —asevera mientras alarga la mano y la acerca hacia sí sin aviso previo—. Cállate y bésame...
—Oh, Hunfredo...

Cada uno siente que el único aire posible proviene del otro.

Música.

Contrapicado.
Plano general del horizonte.
Fundido en negro.

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El gatuperio theend

Aserto del final

El camino a veces no tiene otro final que el final y, aunque parezca paradójico, ese final en ese momento no es el final que uno desea.

—¿Y qué final desea?
—Un final que no sea final.
—Pues empieza por un principio que sea principio.

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El gatuperio contradicto

jueves, 17 de junio de 2010

Mudo

Smith and Wesson describen por vez primera la afasia de Winchester en junio de dos mil diez. La observan en un sujeto al que describen como hipócrita, aunque coherente.

Colt refiere, tras leer el artículo de Smith and Wesson, un caso de afasia de Remington en un individuo solitario que cabalgaba por un campo cuadriculado.

Herrera da noticia ológrafa de un caso de afasia de Maverick en un gatuperio propenso a caprichos y sirenas.

El resto es silencio.

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El gatuperio telmah

martes, 15 de junio de 2010

Promesas

Te miro con los ojos amargos del que siente culpable de nada. Me miras con los ojos dulces del que se sabe inocente de todo.

Un cielo gris rompe lo que no se rompe y empieza a llover sobre donde no puede llover.

Me doy cuenta de que lo que estaba vacío no estaba vacío.

—Pues no, no lo estaba.
—¿Y qué había?
—Tu promesa de llenarlo.

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El gatuperio roto

sábado, 12 de junio de 2010

Estesia del capricho

La experiencia es más completa cuantos más sentidos participen de ella. Te puedo ver y te puedo oir, pero no sé a qué hueles ni sabes, y si te creo suave es porque así te percibo.

Tal vez sea porque me quema el temor a quedarme pegado a tu piel si te acaricio, o a no poder dormir si no me arropo con tus manos, o a no recordar a qué sabe la miel ni qué aroma exhalan las rosas...

Tal vez sea porque ya he perdido los ojos y la palabra...

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El gatuperio hiperestésico

viernes, 11 de junio de 2010

Diálogo arremolinado

—Me gusta que me gustes. Me gusta mucho. Me encanta.
—Ya, ya veo que te gusta tanto que te encanta...

Es más de media tarde. Algunas miradas se pierden para no encontrarse con sus ojos. Comienza a mediar una silenciosa eternidad más que cómoda... De pronto, una duda, fática, la rompe.

—Pero... ¿Te gusta más eso que yo?
—«Eso» es «yo». Es lo mismo.
—No, «yo» no, «tú».
—¿Entonces te gusto?
—No sé, a lo mejor me gusta lo mismo que a ti.
—A mí me gusta que te guste que te gusto.
—Entonces me gusta eso.
—¿No habíamos quedado en que «eso» es «tú»?
—Entonces me gustas tú.

El ocaso comienza a caracolear sobre el mar, las conchas, las rosas y sus cabellos, suspirando salado por no poder encontrar el final del camino...

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El gatuperio armillado

miércoles, 9 de junio de 2010

Cénit del capricho

Quiero. Quiero tu espacio. Quiero ocupar totalmente tu espacio. Quiero poseer tu espacio por dentro y por fuera, de cerca a lejos, de izquierda a derecha, en redondo... En picado.

Y ya hace unos días de ello, y quiero que sea hasta el infinito que comprende el ahora, apurando el ocaso de un instante que es ya eterno...

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El gatuperio impaciente

lunes, 7 de junio de 2010

Espacio

Mi espacio no tiene otra medida que el tiempo; ha sido sembrado de tulipanes y revienta a azahar y baladres, por sus praderas corren risas y suspiros de satisfacción. No limita con el mar ni la montaña, pero tiene playas en la ribera del sueño en las cuales los tritones veranean en chanclas mientras observan a Parténope aprendiendo a volar.

Mi espacio no aparece en otro mapa que no sea el del calendario de las fiestas de guardar y sus vísperas; marca en rojo la frontera con los besos y en azul los trazados de los caminos de manzana que dibujo sobre el ducado de tu espalda.

Mi espacio es un lugar que, de puro solitario, es ignoto y salvaje pero que prometo conquistar para conquistarte y liberar para cautivarte...

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El gatuperio cartógrafo

domingo, 6 de junio de 2010

En lo del de la obra

La meta es efímera, arde en el fragor del instante, se consume imperceptiblemente y ni siquiera humea.

La meta es un después yermo de posterioridad, un tesoro de monedas fuera de circulación, un premio al albúm de cromos más repetidos, unos labios que besan el vacío mientras los dientes muerden una lengua que tilila...

—«tirita», «tirita», no «tilila»
—¿Por qué? ¿Tiene frío?
—Tu verás, lleva dos días en la orilla...

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El gatuperio fausto

martes, 1 de junio de 2010

Capricho

Sácame de ti, capricho. No puedo más, como si no hubiera mañana ni futuro posible sin tu sonrisa, la insistencia de tu deseo me tiene prisionero del instante en que te tengo cerca.

No soy libre más que para recluirme en tu pensamiento, no tengo más ansia que superar tu abstinencia. Yo ya no soy yo sino otro que se aparta de tu camino y esquiva tus miradas.

¿Qué más quieres?

—Quiero que siempre haya mañana.
—Ya te dije que «siempre» era una palabra muy larga.
—Pues a mí me parece que «capricho» es de cartón...

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El antojo del gatuperio

viernes, 28 de mayo de 2010

Abstracción de la meta

Recorrer un camino por el propio placer de recorrerlo implica una desatención mínima a su final. Disfrutar de cada paso, de la contemplación de lo inmediatamente restante, del repaso de lo superado, necesariamente conlleva una merma en la consideración de la meta; en algunos casos, incluso su negación. Directamente proporcional a esta concepción es la capacidad de abstracción en relación a la meta.

—¡Cómo te lías! Se nota que has llegado al final de un camino que no tiene final.
—Si estoy en el final es porque tiene final...
—Pero no el que tú querías. A los efectos es lo mismo...
—Entonces, daré media vuelta y seguiré avanzando.

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El gatuperio valeroso

miércoles, 26 de mayo de 2010

La marca del gatuperio

Históricamente no ha habido comentarios en este blog. Y cuando alguien ha comentado, normalmente ha sido dentro de un orden y un respeto. Es cierto que en una ocasión se sacó la fregona y se eliminó lo dicho, gracias a Dios. Y también es cierto que hubo otro incidente que también fue harto desagradable visto el plan en que se desembarcó.

A raíz de todo ello, se escribió un gatuperio en el que se dejan claras algunas cosas, de entre las cuales, ahora quiero destacar esta:
Los hay que podrán sacar a Sartre de sus aljabas y asaetearme fieramente con su derecho a completar el círculo de lo literario al leer cualquiera de estos escritos, y no estarán exentos de la razón que asiste al que reclama para sí parte de lo que se ha creado; pero para ello deberán acertar en la diana correcta, y esa diana no estará a tiro hasta que decida entrar en el juego de compartir lo escrito.

Y, muy especialmente, esta otra:
En todo caso, lee quien quiere leer y a ello dispuesto está, y ulteriores motivaciones no corresponden a lo que desde aquí y con estas letras se propone; por tanto, renuncio a sus responsabilidades.

Y con ello añado que quien quiera continuar en ciertas líneas es totalmente libre de hacerlo, pero dentro de un orden.

Por último, recordemos que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro conocimiento, y que revolcarnos en él no hace más que salpicar con nuestra inteligencia a los demás. Y no es lo mismo salpicar que bendecir.

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El gatuperio juez y parte

martes, 25 de mayo de 2010

Vindicación del cuando

Cuando uno sabe lo mismo que otro. Cuando otros saben lo mismo que unos. Cuando lo que saben unos y otros no proviene de la misma contemplación de la realidad, aunque sí de un mismo análisis.

Cuando uno espera a que otro dé un paso adelante sin caer en el abismo que tiene ante sí.

Cuando las verdades todavía no pueden ser verdades, aunque ya no sean mentiras.

Cuando otros oscurecen el discurso para que sólo unos puedan comprenderlo en su totalidad.

—«Cuando» «cuando» «cuando»... ¿Cuándo?
—Todavía no.

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El gatuperio apenelopado

viernes, 21 de mayo de 2010

Farándula de la espera

Soy de los que prefieren esperar a las sirenas en la playa a ir a perseguirlas buceando. Ese es su terreno y allí mi aire se agota muy rápidamente, y más cuando me enamoro.

Así que si quieres aparecer por mi playa, no hace falta que esperes a que anochezca y haya salido la luna, o que las olas justo besen la orilla en una caricia lenta e inexorable. No, si has de venir, sirena, ven, despreocúpate. Yo ya me encargaré que esa función en la que vas a ser la estrella tenga el mejor decorado, la mejor iluminación y todas las posibilidades de éxito...

—¿Y si me olvido del diálogo?
—Seré tu apuntador...

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El gatuperio derechor

domingo, 9 de mayo de 2010

Intensidad del adverbio

Uno afirma: «Si te sientes prisionero del deseo y no hallas por dónde escapar; si quieres olvidar sin olvidar y mentirte con las verdades más claras; si te contienes para no tener lo que tendrías sin contención... Si te sucede todo eso, estás experimentando la intensidad de siempre

—Ya te dije que era muy largo.
—Pero te callaste que era tan intenso en su principio.
—Entonces tu adverbio es otro.

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El gatuperio ahora

miércoles, 5 de mayo de 2010

Principios

El gatuperio no caza, no sale en busca de nada ni de nadie. A lo más, se atalaya y se dispone a dejarse coger...

—¿Y cómo sabes si te han capturado?
—Porque reviso de cuando en cuando mi integridad...

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La desintegración del gatuperio

martes, 4 de mayo de 2010

Mendacia de la amistad

Alguien afirma: «La amistad entre una mujer y un hombre es imposible; siempre habrá un final ulterior.»

—Yo contigo no quiero nada.
—Ni yo.
—Seamos amigos, pues.

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El gatuperio félide

sábado, 1 de mayo de 2010

Diálogo del tirabuzón

Uno dice lo que piensa porque si no lo pensase no lo diría. Otro rebate que si dice lo que piensa, piensa lo que dice. Y un otro otro (que es uno pero otro que no es otro) recuerda que puede ser que se piense lo que se dice cuando se dice, pero ello no implica que se haya pensado antes.

—Oye, para —dice otro—, que me estoy perdiendo.
—¿Dónde te has perdido?
—Es que ahora no sé si soy uno u otro, o el otro que es uno.
—Tú eres otro. Y yo soy uno y un otro.
—Vale, sigue.

Un otro dice que si lo que dice lo hubiera pensado, otramente lo diría antes; otrantes.

—¿Otrantes?
—Incluso otraño. Por eso lo digo ahora, porque si me he de guardar algo de lo que pienso prefiero que sea lo otro que pienso.

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El gatuperio en el bucle

miércoles, 28 de abril de 2010

Siempre

Si me quisieras para diez minutos me tendrías al instante...

—¿Y si luego quiero que esos diez minutos duren siempre?
—«Siempre» es una palabra muy larga.
—Y tanto, no se acaba nunca...

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El gluten del gatuperio

domingo, 18 de abril de 2010

Hai del suspiro

Ya me imagino
prisionero del beso
de tu sonrisa.

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El gatuperio prohaijin

lunes, 12 de abril de 2010

Hoy he visto morir a Dante

Veinte años más tarde, el gatuperio sigue recitando alguna de sus oraciones...
Hoy he visto morir a Dante, y su espíritu he notado como en mí entraba y como mi nombre ha pronunciado mientras en ella pensaba...

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El gatuperio florentino

viernes, 9 de abril de 2010

Metagatuperio

El gatuperio lleva tanto tiempo pensando en sí mismo que no es gatuperio sino metagatuperio.

—¿Cuánto és «tanto tiempo»?
—Mucho tiempo... Todo el tiempo.
—Bobo, eso se llama «mirarse el ombligo»...

Habrá que empezar a llamar a las cosas por su nombre.

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La meta del gatuperio

lunes, 29 de marzo de 2010

Proterno

Tras la lectura del Libro de Arena puede afirmarse que si el espacio es infinito, estamos en cualquier punto del espacio; si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo...

Uno se pregunta entonces qué hace tan lejos de otro y si eso tiene que ver con que ya no se quieran.

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El gatuperio sand

martes, 23 de marzo de 2010

Entonces

—Yo sé que seré capaz de cerrar los ojos y percibir la belleza de la misma manera que la percibo ahora que los tengo abiertos.
—Tal vez la belleza será la misma, pero no las cosas bellas.
—¿Cómo? ¿Lo que ahora veo no es bello?
—Sí, pero no lo será entonces.

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El gatuperio cauco

jueves, 18 de marzo de 2010

Novísimo

Muy a lo último, recuerdo que te hice un amor para que pudieras ir a misa de doce orgullosa y segura, envidia de beatas malfolladas y deseo de señorones de manos agrietadas y tez morena.

Recuerdo que mientras el sol empezaba a escodar, las calles repicaron a gloria.

Recuerdo que mientras te disfruté esa era la gloria que se tañía desde todo campanario, en todo momento, sobre mares de mies y siembra de copos.

Recuerdo que te alejabas buscando las sombras del mediodía.

Ahora lo recuerdo todo porque no tengo nada. Pero no añoro más que tu ausencia, el silencio vacío de tus pasos o la puesta de sol al trasluz de la soledad.

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Una melancolía del gatuperio

domingo, 7 de marzo de 2010

Junción

Nuestro camino fue durante un tiempo el mismo, por eso, cuando ibas con tus zapatos de plomo no podía entender que ibas por el tuyo, no por el mío. No era consciente de que cada uno va su camino, no por el del otro. No era consciente que de puro juntos eran diferentes.

Ahora que hace mucho que se separaron, a veces rehago el mío buscando su bifurcación...

—¿Su bifurcación?
—Sí, o encrucijada, cruce, desvío... Llámalo como quieras...
—Prefiero llamarlo confluencia, o encuentro, o unión...
—¿Y si nos quedamos con disyunción?
—¿Y si te propongo conjunción?

Sonríes. Un silencio hecho de miradas procura una cascada de recuerdos...

—Nadie me quitará lo que viví contigo.
—A mí tampoco.

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El gatuperio memoroso

lunes, 15 de febrero de 2010

Sucede

Sucede que ya no me levanto desgarrado por las noches pensando qué podría haber hecho mejor. Y que tus palabras ya no son ese veneno que me quitaba el sueño, ni tu sonrisa despreocupada su frasco.

Sucede, y eso me basta.

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La cotidianidad del gatuperio

lunes, 1 de febrero de 2010

Entropía

Últimamente sucede que la entropía de mi existencia deviene paradigma.

Entonces mudezco un rato...

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El gatuperio memberante

domingo, 24 de enero de 2010

Procelsitas

A veces uno quiere alcanzar la excelencia, llegar a ella por encima de todo, asumirla en su plenitud...

Pero ese es un camino en el que nunca acaba de anochecer, en el que cada vez que se vuelve la vista atrás las sombras se han alargado un poco más... Sí, perpendelo al ocaso.

Y no por ello debe dejar de explorarse y recorrerse; no serviría de nada.

A veces uno debe contraerse al hecho de que perseguir algo que no existe es una manera de crearlo infinitamente...

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El gatuperio procelso

jueves, 14 de enero de 2010

Hai de la estrella

No llega su luz.
Y no es porque no brille;
está en camino.

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El gatuperio prohaijin

miércoles, 13 de enero de 2010

Agazapada

Agazapada, cada una es consciente de la otra, de la misma manera que yo soy consciente de los otros. Igualito que hacen los demás, aguardando en sus cubiles a que se dé un movimiento falso que permita recolocar las fichas sobre el tablero...

El zarpazo de la espera escuece más cuanto más se alarga...

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El acecho del gatuperio

sábado, 2 de enero de 2010

Balance

El gatuperio se ha sentado y ha intentado hacer balance, pero no ha conseguido nada porque no ha sido capaz de serse sincero y decirse la verdad.

—Tal vez si los demás no lo saben, creerán que no les miento.
—Tal vez...

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El gatuperio mendaz

domingo, 20 de diciembre de 2009

Fieles infieles

El gatuperio sabe de fieles que tiemblan ante ciertas decisiones y no son fiables, por eso, a la hora de decidir uno ha de mirar más qué ha puesto en cada uno de los platillos de la balanza y menos qué peso dan...

—Entonces, ¿qué sentido tiene sopesar las cosas si no nos podemos guiar por su valor frente a otras?
—Mucho, uno debe valorar lo que tiene por lo que es y no por lo que le pesa...

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El gatuperio almotacén

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Segunda simetría

Durante su estudio del reflejo, el gatuperio ha visto al otro lado del espejo a alguien diferente del gatuperio; entonces se han mirado a los ojos. Y han sabido que eran seres diferentes.

También se ha percatado de que a ambos lados la simetría es tan perfecta que ahora que se han alejado un poco del espejo, los dos se añoran por igual...

—¿Reflexiva o recíprocamente?— preguntan desde el otro lado.
—Ese es el matiz. A ratos creo que tú eres reflexiva y yo soy recíproco; pero estoy seguro de que en tu lado yo soy reflexivo y tú recíproca...

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El reflejo del gatuperio

lunes, 30 de noviembre de 2009

Marcas

Está muy bien que de cuando en cuando uno recuerde a otro dónde están los límites de la amistad y hasta qué punto pueden gredirse. Pero no está bien aprovechar la confianza para que uno le clave a otro un puñal y así repintar con sangre esa marca.

—No te clavé un puñal...
—Cierto, me clavaste un pincel.

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El gatuperio marqués

domingo, 29 de noviembre de 2009

Y luego no te quejes

Cuando sonrías procura que no se vea lo que ocultas dentro de ti. Puede ser muy desagradable que lo que conscientemente intentes ocultar sea mostrado por la toma de conciencia de lo que realmente sucede.

Y luego no te quejes, ni me insultes.

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El gatuperio dolido

sábado, 28 de noviembre de 2009

Espacio

El uso del espacio define tanto a una persona como sus acciones o sus palabras. Incluso más que la aplicación que hace de los librepensamientos primero y segundo.

El uso del espacio se rige por la misma norma que equilibra derechos y deberes, sólo que su condición de medio de transmisión de la palabra permite un equilibro más laxo, casi libertino.

El uso del propio espacio es el botón que muestra lo que uno puede hacer con el de los demás si se le permite invadirlo.

Así pues, entiende de una vez que si me alejo de ti no es para que me persigas, siquiera con la intención de que la distancia no aumente y a lo menos se mantenga. Tampoco es para eches a correr en cualquier otra dirección ni para que te quedes inmóvil como un gato de porcelana...

Si me alejo de ti es para que no vuelvas a mentirme y a decirme que no hay problema en que cada uno tenga su corral mientras tus zorros me matan las gallinas...

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El gatuperio incomprendido

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Así es la vida


Así, y no de otra manera.

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El gatuperio fotográfico

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Luz con la que ir a tientas

Mientras recorre su camino, hay quien tiene tiempo de observar como los demás recorren el propio... Y hasta puede permitirse parar un momento para descalzarse un ratito y tumbarse sobre la hierba a filosofar, elaborando sencillas teorías sobre la luz que cada uno guarda en su interior y el provecho que saca de ella a la hora de iluminarse en la vida. Y llega a la conclusión de que alguno, por muy hermosa que sea la luz que guarda, todavía anda a tientas.

Y el gatuperio se maravilla, a él no le da tiempo a nada ocupado como está en no tropezar...

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Lo que robó el gatuperio

sábado, 7 de noviembre de 2009

Insoldable

Mientras el gatuperio piensa que no se aleará hasta pasado mucho tiempo, el óxido le roe y le corroe las entrañas: la conciencia del vacío es insostenible.

Y para sobrevivirse imagina una vida surgida del artificio...

—¿De qué artificio?
—Pues no lo sé, acaba de desprenderse.

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Alguna de las tenacidades del gatuperio

viernes, 6 de noviembre de 2009

Zapatitos de plomo

El gatuperio, últimamente, cree que como contraprestación de un gran sacrificio solo caben los pequeños detalles y no el artificio de un gran compromiso tal vez vacío de ellos.

Y aunque es consciente de la injusticia que supone ofrecer o exigir esos pellizcos de sal antes siquiera de empezar a planificar seriamente una cibaria rica en zumos de naranja, empieza a darse verdadera cuenta de que si en su momento no se espolvorean adecuadamente, algo será soso...

Por eso decide calzarse los zapatos de plomo con los que otros recorren el camino.

Eso sí, no renuncia a ninguno de sus derechos...

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El caz del gatuperio

viernes, 30 de octubre de 2009

El país de los ciegos

—En el país de los ciegos bien puede gobernar un tuerto.
—¿Y si lo es de ambos ojos?

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El cabreo del gatuperio

miércoles, 28 de octubre de 2009

Zapatos de plomo

No, no renuncio a enamorarme de ti. Esos zapatos de plomo que te has puesto para el camino no van a impedírmelo.

Ya puedes demorarte y coger las curvas lo más abiertas posible; ser previsora y hacer noche aunque no hayas caminado ni hasta mediodía; aprovechar las sombras y las piedras que haya al paso; aprovisionarte aunque lleves las faltriqueras a rebosar...

Ya puedes hacer lo que quieras, que yo haré lo que me parezca.

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Una de las intenciones del gatuperio

jueves, 22 de octubre de 2009

Palabras dulces para un futuro amargo

Durante días, de tu boca salieron palabras dulces para un futuro amargo... Pero es ahora cuando me doy cuenta de hasta qué punto y para quién.

Sí. Es tarde para que me digas que me quieres, pero no porque me dijeras demasiado pronto que ya no me querías, sino porque ahora mi tiempo ha dejado de ser entero para convertirse en continuo: he dejado de contarlo por periodos finalizados, ahora lo hago teniendo en cuenta los que empiezo.

Y me es imposibe precisar cuántas veces entonces vertí suavemente al cauce de tu oído que te quería y que no podía pasar un segundo más sin que lo supieras, y no pasaba, aunque tú no escucharas, no pasaba...

Por eso, ahora que me encuentro en ese punto en que es muy pronto para decirle que la quiero, y muy tarde para no quererla, prometo contarlas, para que mi futuro sea dulce y todo lo amargo se lo lleve el viento....

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Lo umami del metagatuperio

lunes, 19 de octubre de 2009

Estos días son esos días...

Estos días son esos días que tanto esperó el gatuperio. Han llegado sin avisar, sin que nada le haya puesto en alerta, simplemente han llegado.

Sí. El gatuperio lo sabe porque está dejando de tener ciertas necesidades que se habían convertido en vicios.

La toma de conciencia también ha sido solapada... Un beso a escondidas paseando por la calle, con amigos, una mano entrelazada bajo la mesa, una sonrisa furtiva entremedio de una conversación sobre el futuro y su consecuencia, su pijama cubriendo otro cuerpo...

Y el gatuperio se concentra en asimilarlo porque aunque lo intuía, se empieza a dar cuenta ahora del punto en el que están las cosas...

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Lo que piensa el gatuperio

miércoles, 14 de octubre de 2009

Abrazos

El gatuperio descubre que le gusta que le abracen y que le quieran mientras sueña.

Y lo descubre tras haberlo cubierto...

[...]

—¿Y qué hiciste durante todo ese tras? —pregunta en un susurro una voz traída por el levante.
—Pues, posiblemente, no pedir nada a cambio. O no soñar.
—Tontito —responde la voz mientras se le acerca bajo la sábana—. Ven que te abrace un ratito más...

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Lo que le encanta al gatuperio

lunes, 5 de octubre de 2009

Desangre

Ahora que el gatuperio deja de ser gatuperio y muta, experimenta una serie de sensaciones hasta ahora muy desconocidas para él.

Una de ellas es la de la puñalada del abandono. En estos momentos mana sangre de esa herida. Parece ser que lo que hubo en su momento fue la tristeza de ser dejado y la costra no era más que la nostalgia de lo conocido y la esperanza de volver a transitar por ciertas sendas, por muy espesas de maleza que estuvieran.

Y es una sangre espesa que se pega al metal como si en ello le fuera la vida, parece como si empáticamente impidiera que esa hoja que se le clavó hasta lo más hondo de las entrañas pueda volver a sentir el frío de la soledad.

Pero por otra parte, el gatuperio quiere curarse de tal herida, porque le duele y le mortifica el sentimiento...

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Una de las sensaciones del gatuperio

jueves, 1 de octubre de 2009

Suspiros

El agua de setiembre se llevó casi todo lo que tenía que llevarse; por suerte, han quedado algunos suspiros enredados entre las conchas.

—¡Corre! ¡Atrápalos! Saben a besos de amor de domingo.
—Pero si tendré que meterme en el agua hasta las rodillas...

[...]

El gatuperio cruza la playa y recoge sus suspiros. La orilla recupera su vaivén y las pisadas de los paseantes. Al fondo, sobre el horizonte, más tarde, volverá a ponerse el sol una vez más.

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La mojadura del gatuperio

sábado, 26 de septiembre de 2009

Prinal

Miro como las gaviotas picotean tus huellas en la arena de la bajamar; se apresuran porque saben que el agua se llevará todo aquello que haya surgido tras tus pasos. Un marinero retirado, superviviente, harto de fumar en su pipa el tabaco del recuerdo, pasa entre cuadernas y quillas naufragadas, donde a veces relucen tesoros a la luz del ocaso. Los desdeña y se aleja consciente de que lo que el mar reclamó no lo devuelve. Algunas parejas caminan por la orilla, mojándose los pies a intervalos de ola, vestidos con el manto dorado del atardecer sobre el horizonte, mientras las gaviotas disputan cuanto consiguen llevarse de ti...

Siento la melancolía de una interminable marea y la infinita soledad de una paciente playa que sólo espera que el mar deje de cortejarla para hacerle un amor de otoño...

Siento la tristeza del que intuye que hay cosas que se acaban y siento la alegría del que espera impaciente todo inicio. Siento como finalmente todo gira y todo rueda, de tal manera que a medida que te acercas vas abriendo los brazos y recortando los pasos, hasta juntar tus pies con los míos y estrecharme en tu regazo. Y las gaviotas echan a volar, el marinero enfila el camino de vuelta a casa y las parejas se besan, en un final que es un principio.

Buscaré un carpintero de ribera y desde esas mismas barcas desembarcaremos en todas las playas...

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La urgencia del gatuperio

martes, 22 de septiembre de 2009

Inicio del final

El gatuperio se plantea muy seriamente su existencia. Nació para una finalidad muy concreta y exacta: decir las cosas que no decía a nadie. Y que nadie se diera por enterado.

Y empezó a decir. Al principio no fue leído más que por él mismo. Hubo algún que otro devaneo y aprendió una lección muy importante: quiérete a ti mismo. Luego pudo ser su momento, pero no se quería demasiado y sucedió que huyó de su propia sombra. Y nadie le hacía caso. Estuvo mucho tiempo hasta que consiguió hacerse caso.

Ahora resulta que nadie quiere dejar de ser nadie y todas quieren ser alguien, pero ya hay alguien que es alguien y ese sitio no está en liza. Y ese alguien no era nadie porque en ese momento ya era alguien.

Entonces este gatuperio ya no necesita decirle nada a nadie, necesita decirle todo a alguien. Y eso es difícil hablando un idioma harto de rencor, rabia y mala entraña.

Muy difícil...

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El estertor del gatuperio

jueves, 17 de septiembre de 2009

Soy así

Llevaba un tiempo queriendo enamorarme de alguien cuya existencia se presumía imposible, pero esa era una mentira que no tardó en saberse cuando apareció ella. Entonces todos me señalaron con el dedo de la obligación y el deber. Estúpidamente me fijé en el dedo y no en la dirección que apuntaba, por culpa de un amor propio que se desbordó como un río tras una tromba.

Hasta en eso soy así. Y en esas estamos.

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El gatuperio erio

lunes, 14 de septiembre de 2009

Llueve

La lluvia de final de verano me cambia la luz del sol por una intensa fragancia a tierra mojada. Por todas partes, como un ejército en una maniobra envolvente, cerrando cada salida y escapatoria, cerniéndose inapelable como un halcón, imparable. Todo, todo es olor a tierra mojada.

Tierra mojada pero todavía caliente de un sol escondido y secuestrado tras las nubes.

Tierra mojada pero ya seca en sus capas más superficiales, que huele a la podredumbre del recuerdo de lo que fue.

Tierra mojada y revivida escaso tiempo, tal vez sólo para que no muera ni se desmenuce con el paso de los días.

La lluvia de final de verano es violenta, abundante y complicada de guarecer. Y muy muy rencorosa, envenenada por la furia de no ser la primera de otoño...

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El gatuperio que escampa

sábado, 12 de septiembre de 2009

Puntos de no retorno


Este es el punto de no retorno. Uno de tantos. Lógicamente es de salida; sin salir no es posible retornar.

Cuando uno se halla ante él, le suceden una serie de pensamientos vertiginosos, una suerte de película vital montada con vivencias y recuerdos que van a devenir en míticos tras superar ese umbral. Entonces es cuando las decisiones toman cuerpo y se convierten en adversarios temibles contra los que luchar o morir lejos del coliseo de la indiferencia en el que generalmente vegetan los apocados. Y la lucha es siempre desigual porque no hay armadura que proteja del remordimiento, la nostalgia o la tristeza.

Este es el punto de no retorno tras el que se halla la alternativa a nada, porque nada tiene alternativa aunque no sea alternativa de nada (a alguna le convendrá leer este punto varias veces hasta comprender correctamente el juego entre las negaciones).

Este es el punto de no retorno cuya otra parte tiene escrito «entrada», aunque traspasarlo en dirección contraria no lleve hasta este mismo lugar, por eso, espérame fuera y no me salgas al camino, no vaya a ser que te me pierdas...

[...]

—¿Perderme? El perdido eres tú, gatuperito. Un día te levantarás, si aún no lo has hecho, y sabrás que ha empezado el principio del final.
—¿De qué final?
—Debe de haberte pasado ya, cuando has visto el punto de no retorno...

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El gatuperio praepunto

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Vuelves

Vuelves con preguntas. Recuerdo perfectamente cómo te alejabas entre los reflejos del asfalto y las farolas macilentas de la noche cerrada...

Entonces todavía creía que las mallas de las redes que te había tirado eran demasiado grandes y que por ello te escapabas una y otra vez... Y lo creí durante mucho tiempo, hasta que me di cuenta de que realmente el problema era que no nadabas en esas aguas. Por eso lo dejé estar, varé la barca y esperé pacientemente a que pisaras otra vez mi playa. Mordí la pipa durante mucho tiempo y me fumé todo tu recuerdo varias veces...

Y ahora que me preguntas qué recuerdo de esa noche de cerveza y humo, sólo pienso en cada uno de los tatuajes que me hice para borrar las huellas de tus caricias en mi piel...

Y me maldigo por ello.

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El gatuperio arrepentido

domingo, 6 de septiembre de 2009

Huir

Cuando decidas huir de lo que antaño fue tu orilla tranquila, piensa que a lo mejor hay demasiado oleaje en tus otras playas y la marea se te está comiendo por los pies. Y de nada te va a servir saber nadar porque no guardaste la ropa.

Y todos te verán tan desnudo que la vergüenza acabará por rematarte.

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El gatuperio mojado

jueves, 3 de septiembre de 2009

Borbores


Lento, recuerdo la manera en que mis dedos se entrelazaban con los tuyos mientras nos cogíamos el paso cuando pasábamos junto a la fuente, y como aprovechaba para apretarte contra mí en los semáforos cercanos hasta que nos daban verde; y entonces, a la carrera, nos preocupábamos más de no soltarnos que de cruzar a tiempo.

Pienso también en ese sol a plomo de última hora de la mañana que me anticipaba una siesta relajada tras recorrer por infinita vez tu espalda vestida de rosarios quedos al vaivén de las sábanas. Más que nada, pienso en tus ojos perdidos una vez llegada; abandonados a los misterios gozosos fuera el día que fuera...

Ahora creo que pensar ya no duele como dolió, pero me encanta ese sabor zafarí que tiene recordar los momentos de sombra sentados en un banco viendo pasar la tarde mientras recuperábamos el resuello...

Al final, la fuente sigue igual de lejana, pero no deja de manar ni por un instante, refrescando el recuerdo...

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El gatuperio praefonte

Ultrantier

Ultrantier, a traición, me preguntaste si yo era el gatuperio, y yo te contesté que sí. Te pregunté quién eras y no contestaste «una más».

Nos tomamos otra cerveza, hablamos de la mentira del nombre y a la mitad me dijiste que te ibas con tus amigas al local de enfrente. Me invitaste a seguirte.

Mientras me acababa las dos cervezas, decidí hacerte caso y te seguí para saber si las manzanas de tus caminos eran tan dulces como parecían. Te dejaste abrazar mientras despachabas a tu guardia personal, que no dejó de mirarme con ojos de lobo...

Probé el licor de tu copa y te susurré que del vaso de tus labios me embriagaría más. Sonreiste experta y seguiste bebiendo. Yo hice lo mismo hasta vaciarme los bolsillos. Tras las banalidades de la conversación se iba forjando un deseo salido del fondo de las entrañas...

Entonces me miraste y me dijiste que te ibas a la discoteca de al lado, y me invitaste a bailar con los labios y a bailarte con la mirada.

Te fuiste, pero te cogí de la mano y te obligué a volver. Te besé en un silencio que solo pude sentir yo y luego te solté. Y tú supiste que no te perseguiría aunque luego te persiguiera.

Me fui a casa pisando la calle y maldiciendo mi buena suerte...

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El gatuperio noctis

Ego

El gatuperio ha borrado esta entrada.

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El gatuperio

viernes, 28 de agosto de 2009

Miedo, distancia y querencia

El miedo es una perturbación del ánimo. La distancia es el intervalo de tiempo o lugar; quedémonos con el lugar. El miedo a la distancia no es más que la perturbación que provoca en el ánimo el intervalo de lugar y su efecto sobre la querencia, que podemos entender como el apetito por el otro.

—¿Qué otro, gatuperio?
—Otro. Otro otro. Un otro empático y simétrico asomado a un espejo que no le refleja sino que le devuelve un gatuperio...

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El gatuperio temeroso

jueves, 27 de agosto de 2009

Simetría

La conmensuración y proporción de unas partes con otras y, también, en relación al todo, es lo que comúnmente se entiende por simetría.

La simetría implica un eje simétrico que ordena el espacio a partes iguales y por cuya doblez los cuerpos se superponen en puntos análogos.

Esos puntos análogos presuponen atributos semejantes en seres diferentes.

Afirmar «El gatuperio creía ser tan diferente» no implica que ahora lo sea o no, o que haya dejado de creerlo, pero sí denota que se halla en plena digestión y búsqueda de analogías...

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El gatuperio estudiante del reflejo del espejo

martes, 25 de agosto de 2009

Depredadoras


Ahí, escondida entre el canto del agua, se halla la criatura que devoró al gatuperio en milisegundos...

Su proceder fue realmente rápido. Con la mirada de sus ojos le inoculó un tan potente tranquilizante que lo dejó fuera de combate hasta que lo tuvo rodeado con sus brazos; luego, unas leves carícias por la espalda hicieron que el gatuperio empezara a metabolizarse interiormente en una especie de caldo que ella empezó a sorberle a besos a través de la piel del cuello; mientras, iba despojándolo de todo ropaje no comestible y lo iba colocando en decúbito prono sobre su propio supino. Finalmente, tras sacudirlo un poco, el gatuperio sobrevino...

Y mientras ella se relame, satisfecha, los recuerdos de entre la comisura de los labios, él, melancólico, va a tardar años en digerirla...

Aunque este es el triunfo del gatuperio, hacer saber a sus depredadoras que pese a que puedan devorarlo, quien digiere es él...

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El gatuperio constrictor

lunes, 24 de agosto de 2009

Penúltimo diálogo

Sucede en un aeropuerto de juguete. Él se va; ella se viene. Han pasado juntos un fin de semana largo de agosto contando arabescos.

—Sólo he utilizado una tercera parte de la ropa que traje. Fíjate, me he puesto tres pantalones y llevaba cinco, más los tejanos. Y lo mismo con las camisetas y la ropa interior.
—Ya, por eso la maleta te revienta...
—No, ahí van los besos que no te he dado...
—¿Sí? ¿Y por qué no los has dado todos?
—Si no me ha dado casi tiempo...

En ese momento el chico que facturaba esbozó imperceptible una leve sonrisa y pensó mientras ellos se besaban: «Ni tan solo ha pestañeado...»

* * *

¿Quién no pestañeó? ¿Él? ¿Ella?

Tal vez hay gente que de simétrica no necesita conocerse más...

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El gatuperio ante el espejo

viernes, 21 de agosto de 2009

El palacio de Aixa

Tiene caminos de manzana por los que perderse una y otra vez, renuentes legendarios a cualquier cartografía.

Tiene patios con fuentes y canales y losas de mármol de fría luna, llenos del rumor de acequias lejanas en los que se bañan leones de piedra que, lentos pero inapelables, despedazan y desgarran cualquier atisbo de impaciencia.

Tiene puertas dulces que se abren con la yema de los dedos y que guardan desahogos secretos y placeres solitarios, flanqueadas por eunucos celosos del filo de sus alfanjes y cimitarras y del aroma a rosas del pubis que despide su soledad.

Tiene la sonrisa plagada de estrellas y cometas, y sonríe cuando consigo cerrarle los ojos con el beso de mi ansiedad. Sonríe tanto, tanto...

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El gatuperio fátimo

martes, 18 de agosto de 2009

La campana

Esta es la campana que mata mis tardes de agosto.


Desde su campanario, con la precisión del que no tiene corazón, habla inexorable palabras cortas y profundas que describen un tiempo que no va a volver y que no hemos vivido lo suficiente.

Esta tarde angosta, de sol pegajoso y aire esquivo no va a tener más piedad que otras tardes, ni menos...

Algunos atardeceres, de puro rojo, casi me convencen de que las toca un demonio con cuerpo de sacristán...

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El gatuperio impaciente

Des(a)tino

La omisión de los hechos no nos libera de la acción. Ni por un solo momento nos quedamos libres de obrar.

Bhagavad-gita, (Canto tercero)

¿Qué es la acción? ¿Qué es la no acción? Estos interrogantes son los que turban con frecuencia a los sabios. Hay que poner toda la atención para obrar. Hay que poner toda la atención para no obrar. Hay que estar atentos, porque en lo más profundo de la no acción puede estar también la esencia del acto.

Bhagavad-gita, (Capítulo cuarto)

El filósofo del tercer banco pregunta: «¿Significa eso que que te quieran o no te quieran, no dejan de quererte?»

El alborotador hexadecimal afirma: «Sí o sí y solo sí querer es querer.»

El gatuperio corre, y corre y corre, no vaya a ser que le atrape el destino en su quinta jardinequipada.

...Pero tampoco quiere correr demasiado, oiga. Lo mejor es que lea en los ojos de los ojos con que sueña...

Y en eso está...

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El gatuperio zweig

domingo, 16 de agosto de 2009

Pan

De cuando cuando en cuando me lees con ojitos de dameunbeso.

A lo mejor el brillo de tus ojos me permite verte sobre el horizonte esta noche.

A lo mejor te disfruto en la soledad de mis sueños, y con la humedad de tu recuerdo y la harina de mi deseo te hago pan.

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El gatuperio rescatatextos

Olvidos

Es muy posible que poco a poco me desdibuje. La semana que viene no sabrás de qué color son mis ojos, y al siguiente habrás olvidado el calor de mis caricias.

Y me da igual.

Realmente, me da igual. Yo haré lo mismo. Porque es ley de vida. Y me dedicaré a no olvidar ciertas cosas: tus manos sobre mi vientre, el calor de tus labios en mi cuello, tu respiración entrecortada... Tu sonrisa expandiéndose...

Y cuando alguien me pregunte sobre ti, solo podré responder con eso. Y me bastará

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El gatuperio graciado

sábado, 15 de agosto de 2009

Un sábado azul

Esta mañana de sábado azul removía el café pensando en qué rincón de entre mis sábanas te habías escondido, y se me han ocurrido cientos y cientos. Esta noche no te me escaparás, por mucho que juegues a decirme que realmente ya cruzaste el mar y que busque tu rastro entre las olas.

No. Yo sé que las velas de ese barco no las infló el levante ni las quiso desgarrar la tramontana, y que en su navegar mediterráneo no tocaste más puerto que el que ahora ilumina el mismo faro que me permite empezar a escribir estas líneas.

Yo sé todo eso.

Y más ahora que he descubierto que el horizonte puede estar en cualquier dirección, y no sólo hacia levante...

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El gatuperio argántonico

jueves, 13 de agosto de 2009

Cierra los ojos

Me dijiste: «Mira al cielo»
Y el cielo estaba cubierto de estrellas.

Me dijiste: «Mira la orilla»
Y la orilla estaba cubierta de espuma.

Me dijiste: «Cierra los ojos»
Y me cubriste el cuerpo de besos.
Y me hiciste un amor con el que ir a misa de domingo.

—¡Soy melibeo!— grité por si las moscas.
—¿Qué significa?
—Melibeo soy porque en Melibea creo...

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El gatuperio celestino

miércoles, 12 de agosto de 2009

Introspección

La Sala es grande, inmensa. Hay un banco justo en medio.

—Póngase en pie el acusado.

Me levanto y miro al juez. Es mayor.

—¿Es usted el «Gatuperio... Ataráxico»?— pregunta arrastrando la última palabra.
—Sí.
—¿Sabe que se le acusa de estar enamorado?
—Algo he oído. Yo solo escribo. ¿Acaso eso es delito?
—No, en sí mismo no, pero es que además resulta que usted lo proclama a los cuatro vientos... ¿Qué arguye en su defensa?
—Un cambio de verbo estativo por uno permanente...
—Explíquese— resopla el juez.
—«Esté» o no «esté» enamorado, «soy» un enamorado. Si le digo que «estoy» enamorado a lo mejor me dura dos segundos. Si le digo que «soy» un enamorado, le estoy diciendo que lo seré para siempre...
—¡Adúltero!— grita un filósofo escondido en el tercer banco...
—¡Orden! ¡Orden!— dice el juez secamente mientras gesticula con la mano derecha pidiendo silencio —La pena para los que están enamorados es muy dura. ¿Por qué ha escrito cosas tales como «cada vez que me llene el pecho de tus sábanas», «por pijama tuve tu piel», «observarte felizmente en silencio» o «mientras te secabas sobre la toalla a la luz del atardecer, te empecé a extrañar»?
—Señoría, eso no es más que una introspección...
—Habla con palabras normales, ¡cobarde!— grita un alborotador hexadecimal a lo lejos...
—¡Orden! ¡Orden!— vuelve a decir el juez mientras gesticula con su mano derecha pidiendo silencio —La próxima vez desalojaré la Sala. Prosiga.
—Quiero decir que sí, que mi cuerpo está experimentando un cierto goce en la contemplación objetiva de ciertos hechos y situaciones en relación a una determinada persona...

De repente el alborotador hexadecimal se desmelena y ataca fieramente al alguacil más próximo, distrayendo a toda la Sala, momento que aprovecha el filósofo para liberarme...

Echamos a correr, poniendo tierra de por medio...

A media carrera se me gira uno y me dice: «Con lo fácil que es decir que la chica te gusta...»

—Mira que os lo he dicho, que todo es un ejercicio de introspección...

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El gatuperio manumiso

martes, 11 de agosto de 2009

Extraños

Con el agua hasta el ombligo y los pies enterrados en la arena me dijiste que eras una extraña. «Me da igual, más adelante serás una extrañada» contesté.

Y sucedió que mientras te secabas sobre la toalla a la luz del atardecer, te empecé a extrañar. Y mientras te sacudías la arena de los pies; y mientras ponías mar de por medio...

Y esa noche, mientras el sueño me engañaba y me convencía de que aún seguías a mi lado, te extrañé por completo.

¿Y qué me queda ahora? Saber que los dos teníamos razón, solo que tú eres capaz de hablar en presente y yo lo confundo con el futuro.

Mejor así.

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El gatuperio desentrañante

lunes, 10 de agosto de 2009

Nombres

Cada cosa tiene su nombre. Hasta que no la tiene, no existe. No existe nombre sin cosa.

Por tanto, esto que nos ha pasado a ti y a mí no ha pasado porque cada uno parece haber huido isófenamente de cualquier nombre.

Entonces, desengañémonos: no hubo ni besos de cerveza ni abrazos, ni paseos a la luz de la orilla por la luna, ni dudas sobre si el día siguiente habría fermentado el sabor de tu boca... Tampoco hubo desafíos al exponerlas, ni miedos al comprobarlas.

No, te amó otro y otro te arrancó el agua de las entrañas mientras recorría los caminos de tu espalda caracoleándotela con sus yemas mientras un otro otro te besaba.

No hubo nada porque todo nos fue suficiente para no necesitar ser nombrado. Incluso su noticia es falsa.

Y sin embargo, cada vez que me llene el pecho de tus sábanas recordaré que por pijama tuve tu piel y que no fui más capaz de dormir con ella que de observarte felizmente en silencio, mientras nuestros cuerpos proseguían con su diálogo.

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El gatuperio insomne

Bajo la concha

En la playa, bajo una concha encontré la boca de una botella enterrada, cerrada con un tapón de corcho. La desenterré, le sacudí la arena y la limpié cuidadosamente. Cuando miré al trasluz pude observar como en su interior se acartonaba un papel. Abrí la botella, lo saqué, y ahíto de emoción contemplé largamente unos dibujos que había, maravillosamente finos y seguros de trazo. Casi al final, leí estas palabras: «En la playa, bajo una concha encontré la boca de una botella enterrada...»

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El gatuperio a cinco voces

jueves, 6 de agosto de 2009

Diálogo corroblero

—La ataraxia es un estado de serenidad que dimana del alejamiento de cualquier estado pasional. Esa serenidad permite un análisis de la vida cuya finalidad última, en el caso de quien dice, debe ser conducirse por el camino más tranquilo posible.
—¿Y a dónde lleva ese camino?— pregunta una voz.
—Pues dónde no estés tú ni ninguno del resto.
—Ya. De ahí lo de «gatuperio»...

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El gatuperio chispo

lunes, 3 de agosto de 2009

No more I piruls you

No te engañes. Puedo aceptar que me engañes a mí, e incluso al resto. Pero me niego a creer que seas víctima de tu propio embuste.

Me niego. No es posible. Esa filfa no te pasa por la tráquea.

A lo mejor la llave que cierra tus ojos no es la misma que cierra tu insomnio. Rebusca bien en tus faltriqueras, tal vez compartan doble fondo con tu hipocresía.

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El gatuperio melao

domingo, 2 de agosto de 2009

Siempre fuiste una playa

Siempre fuiste una playa. Con una orilla entre los pinos y el mar, y olas suaves, y arrullos al norte de poniente.


Pero así como tenías una arena blanca y fina, no era tuya. Y a años hubo más, y menos. Y esa orilla cuajada de ojos de santa Lucía avanzaba y retrocedía a la medida de los caprichos del invierno.

Siempre fuiste la playa en la que les crecían las piernas a las sirenas y los cangrejos ermitaños podían dejar los zapatos a la puerta de sus caparazones cuando se retiraban a dormir..

Por eso, ahora que paseo por aquí se me clavan algas secas cada vez que recuerdo que sigo solo...

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