No te quiero. Te tengo tan dentro de mí que no es necesario que lo haga, aunque sea porque lo que haga que no lo hago...
Y en eso estamos.
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El gatuperio público
martes, 14 de febrero de 2017
domingo, 12 de febrero de 2017
Hábitos
En plena agrafía, comprendo y te comprendo.
Ya no habitas en los confines del adverbio,
no te desdibujas en las lindes del espacio y el tiempo gramatical,
hemos pasado de la tercera persona a la segunda,
y de la segunda a la primera...
Y tras el viaje del singular al plural, me habitas.
Eres mi rutina.
No necesito pensarte.
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El gatuperio mabelino
Ya no habitas en los confines del adverbio,
no te desdibujas en las lindes del espacio y el tiempo gramatical,
hemos pasado de la tercera persona a la segunda,
y de la segunda a la primera...
Y tras el viaje del singular al plural, me habitas.
Eres mi rutina.
No necesito pensarte.
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El gatuperio mabelino
lunes, 7 de noviembre de 2016
Anacoresis
Hiperdúlico, el gatuperio calla.
Secluso, el gatuperio calla.
A todo, el gatuperio calla.
Si es luz, en ella no hay sombra.
Si es verbo, en ella todo es cierto.
Si es sueño, que nunca amanezca.
Ella habita los límites del adverbio...
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El gatuperio extático
Secluso, el gatuperio calla.
A todo, el gatuperio calla.
Si es luz, en ella no hay sombra.
Si es verbo, en ella todo es cierto.
Si es sueño, que nunca amanezca.
Ella habita los límites del adverbio...
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El gatuperio extático
domingo, 22 de mayo de 2016
Todavía no
Tomar el tren y viajar en el sentido contrario al de la marcha es languidecer. Uno ya no ve nada venir, simplemente vive y desespera.
Entonces ya se convierte en todavía no.
—¿Y qué hago? ¿Me cambio de asiento?
—Empieza a ser como no eres para seguir siendo lo que eras...
—Mejor viajo a tu lado.
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El gatuperio ferroviario
martes, 12 de abril de 2016
Bodas
Oficioso, el gatuperio renueva votos...
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El gatuperio promiso
Hoy he visto morir a Dante,
y su espíritu he notado
como en mí entraba,
como mi nombre ha pronunciado
mientras en ti pensaba.
Hoy he visto morir a Dante,
y se derrumbaba mi filosofía,
mis besos...
mis poesías,
mis rezos... por ti.
Hoy he visto morir a Dante,
y he llorado,
no sé ni por qué,
y he llorado por ti también...
Hoy he visto morir a Dante,
sin saber qué sentía
por ti o por Dante,
mientras decidía
si por poeta o por amante.
Hoy he visto morir a Dante,
y las culpas que me acechan,
las he podido oír;
mientras de los vivos me echan,
a ella también la he visto morir...
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El gatuperio promiso
sábado, 19 de marzo de 2016
Creo
Creo en ti. Creo porque necesito creer, y pese a que creer sea lo que quiera, no me es dado en este momento. Creo porque busco en mí y quiero encontrar. Creo porque no me voy a cansar, y recorreré todo allí donde pueda estar. Creo, y es compatible con soñar, y seguiré creyendo hasta que sueñe y crea. Creo, y cuando deje de necesitarlo, seguiré creyendo.
—¿Y si dejas de creer?
—Habré agotado la preposición, el modo y la nominalización.
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El gatuperio necesitado
viernes, 20 de noviembre de 2015
Completación
En su infinita posibilidad, el amor es siempre una historia de completación. Su peripecia y tránsito pueden diferir mucho de su germen y gestación, y en su resolución todos aprecian, por deseable, la perpetuidad, pero no es amor sin la propia necesidad del otro, entendidas «propia» y «necesidad» en sentido pleno e íntegro: egoísta.
Ahí reside parte de la locura de los enamorados, en completarse de forma recíproca sin perderse reflexivamente de vista.
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El gatuperio grana
miércoles, 21 de octubre de 2015
Abanicos
El viaje es largo, no en relación al tiempo o al espacio, sino al ansia. Comenzó ya al sopesar su posibilidad, y todavía no ha terminado. Uno no sabe si otro viaje marcaría un final o se le solaparía. No es que deba acabar, ni que tal se persiga; no afecta, ni obsta... Y como hablamos de dos sobre uno, podríamos hablar de tres sobre dos, cuatro sobre tres... «Ene sobre ene menos uno» que dirían los que suelen atreverse a topografiar el infinito, aunque de puro cuadrado no viajen realmente.
—Yo no viajé.
—Tú contienes mi infinito.
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El gatuperio mabelino
sábado, 17 de octubre de 2015
Patucos
En su periplo, el gatuperio a veces recala en lugares insospechados y, consciente de sus deudas, incluso disfruta en ellos.
Y es justo rendirles homenaje...
—Yo también te quiero.- - -
Pero no como quien venera un tesoro,
que tiene escondido y sólo contempla.
Te quiero como quien aprecia una prenda de ropa y siempre la lleva,
o quien lee siempre el mismo libro o autor,
o quien siempre toma los mismos caminos...
—¿O como a unos patucos?
—Sí, te quiero como a unos patucos.
Te quiero como se necesita aquello que sabes que te hace sentir bien, tranquilo y a gusto contigo mismo.
Y para eso te lo escribo,
para poder volver a ti siempre.
El gatuperio ñoño
martes, 22 de septiembre de 2015
Preguntas
En toda relación hay preguntas que hacer. Y palabras prohibidas para responder esas preguntas, ya sea bien o mal. Son preguntas que uno debe responderse a sí mismo antes de hacerlas al otro si no quiere que el otro le responda con una verdad que luego sea engaño. Este es un proceso que la edad ajusta, de tal forma que prohibe unas palabras y prepara otras, incluso las pule, para que tengan la medida exacta de lo que quiere decirse, en el momento y la forma en que sea preciso. Todo ello conforma un mecanismo que la experiencia lubrica, para que todo sea como debe ser hasta que deje de ser.
—¿Y mientras?
—Entonces seguirá siendo.
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El gatuperio impetuoso
domingo, 20 de septiembre de 2015
Ahora
Sí, hubo un ahora, precedido de un ya con su «preparados» y «listos» de sofá y peli de tarde lluviosa. Unos días antes cada no iba siendo un poco más sí y parecía que cada vez que nos veíamos solo podía, ahogado e impaciente de ti, respirar tu aire...
Y al principio fue de abrazos porque demasiado ocupado estaba en evitar que escaparas como para besarte. Luego, besos a chorros, y caricias, y silencios como si no hubiera mañana. Cuando recuperamos el aliento, convinimos en abrir la caja de los adverbios y mezclarlos, concebimos un mientras de lugar y expandimos su límite más allá de hasta, y forjamos un así camaleónico, capaz de cambiar de referencia temporal tras cada conjunción...
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El gatuperio autocensurado
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Allendetonces
Entonces pasó y tras el desde llegamos al mientras, que ahora mismo es ya. Y no parece que nos importe su solución de continuidad, porque es continuo en tanto sus confines no se superen.
—Pero es que mientras no es un lugar.
—Ni tú una ilusión....
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El gratuperio gamático
sábado, 5 de septiembre de 2015
Confort
De un tiempo a esta parte, mi zona de confort se fundía brumosa con el oeste, allí donde lindaba con la tuya, como lo hacen sobre las butacas de los cines los brazos de
las parejas que no son pareja... Sí, se iba expandiendo con tu compañía hasta el trayecto hacia tu casa. Luego, solitario, se contraía con la melancolía de la vuelta...
Entonces tu zona de confort no abarcaba mi sofá, ni el roce, las caricias o los besos... Ni su pura ensoñación...
—¿Y tras el entonces, qué hay?
—Por ahora, un mientras...
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El gatuperio todavía
domingo, 16 de agosto de 2015
Funambulismo primero
En eso está uno, en contener el veneno dentro de sí: el miedo a morderse la lengua contra la pura verdad. Sopesar la existencia antes de seguir: ser o cambiar para acabar igual.
—¿Veneno?
—O apetencia.
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El gatuperio polidipso
lunes, 10 de agosto de 2015
Veinte años
Cuando llevas veinte años teniendo veinte años, en algún momento recibes un telegrama de Félix Grande. Entonces envejeces. Y de golpe. Y lo que te rodea, y tú mismo, resulta absurdo, y tus maneras ya son anticuadas: nadie recita poemas a las veinteañeras ni les propone paseos por la luna a la luz de la orilla... Y lo peor es que no ha sido Félix Grande quien te ha enviado nada, ha sido alguien que a ratos olvida que llevas tanto tiempo en esa antesala que ya no te va a recibir nadie.
Y sonríes, y te exiges simplificar ese polinomio y reducir los términos de edad sumando los coeficientes para centrarte en otras semejanzas más provechosas, no vaya a ser que al final, uno más uno siga sin ser plural...
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El gatuperio añejo
viernes, 31 de julio de 2015
Confianzas
De la amistad sobreviene, casi perenne, la confianza, entendida muchas veces como un límite difuso entre las voluntades colindantes de los que se llaman «amigos» recíprocamente, de tal forma que se establece una zona común en la cual el gobierno es compartido, tolerado y unívoco.
La confianza sobreviene, además, siempre de forma tácita, y pese a ser fruto de un esfuerzo sostenido en el tiempo, se extingue en el instante, de normal por abuso del espacio compartido, tanto por conocimiento como por desconocimiento, caso último este que implica heridas más serias por afectar órganos vitales como el del orgullo propio.
—Ahí, reflexivo, es donde me duele, puesto que afilaste tu cuchillo con mis verdades e inmisericorde me lo clavaste en tus vecindades...
La confianza sobreviene, además, siempre de forma tácita, y pese a ser fruto de un esfuerzo sostenido en el tiempo, se extingue en el instante, de normal por abuso del espacio compartido, tanto por conocimiento como por desconocimiento, caso último este que implica heridas más serias por afectar órganos vitales como el del orgullo propio.
—Ahí, reflexivo, es donde me duele, puesto que afilaste tu cuchillo con mis verdades e inmisericorde me lo clavaste en tus vecindades...
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El gatuperio enmarañado
sábado, 27 de junio de 2015
Ojo
Ahí está, en dejar que le diga coriólico que mañana venga con otro vestido porque no puedo resistirme más al que lleva hoy, mientras me sonríe y me dice que no con un sí solenoide...
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El gatice vortuperio
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El gatice vortuperio
jueves, 25 de junio de 2015
Mutualidad del gatuperio
Reflexivos, nos resistimos; pero la verdad no deja de ser que lo que yo quiera de ti no lo voy a tener pese a que lo que tú esperes de mí no te lo quiera dar.
—Eso ya lo sé.
—Yo, ya, también...
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El gatuperio refracto
miércoles, 10 de junio de 2015
Cobardía cuarta
Cada vez que habláis, el gatuperio asiste extasiado a cómo te atusas y se abandona al vértigo de tirabuzones y rizos de tus dedos... Apocado, se dice una y otra vez que cuando te muerdas los labios será la señal...
Cada vez que habláis en eso está, en esperar lo que no se espera hasta que se desespera y se va. Luego, ya lejos, cabalgando la memoria del encuentro, se engaña pensando que prefiere un buen recuerdo a un mal trance...
—A lo mejor no iba a ser tan malo.
—Cierto. Tacha «malo».
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El gaturde cobaperio
lunes, 1 de junio de 2015
Ricio
Yo ya sé que tienes dos formas de decirme que no. Una es sencilla y agradable, y lo único que implica es el tiempo que esté dispuesto a esperar a darme cuenta de que ya era no antes incluso de acontecer.
Otra es simple, sin acompañamiento, pompa o justificación: no. Es suave, un baile entre miés y junio que difiere, dilata, pospone... Y camela.
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El gatuperio yunto
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