lunes, 29 de junio de 2009

Camelo en quinta

Yo también sé desafiar al tendido y engañarlo con una faena falaz desde los medios...

Y si lo hago, después tendré los arrestos para arrimarme hasta más allá de los pitones para que cuando el toro derrote, tiña la mentira del rojo cierto de esta mi sangre que ahora bulle de rabia.

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El gatuperio boyante

miércoles, 17 de junio de 2009

Dones

Sucede que hay cosas que ocurren en todas partes, de la misma manera y que no puedes controlar.

A veces, incluso, a un tiempo.

Entonces quisieras ser ubicuo para poder huir de todo a la vez, pero en vez de eso la clariaudiencia te machaca sin piedad...

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El gatuperio bilocado

viernes, 5 de junio de 2009

No te hace bien

Deja de llorar por las esquinas y de reprocharme sobre los hombros parciales de gente tan amiga que, por verte partir con la música a otra parte, te dará una razón que no tienes ni podrás tener. Alguno, incluso, se entrerreirá de ti...

No te hace bien. Y lo sabes.

Deja de verme con la mirada del remordimiento y mírame a los ojos. Asume tus errores. Asúmelos.

Nadie te absolverá de ningún pecado si no te me arrepientes. Yo no te perdonaré nada si no te disculpas. Y aunque lo hagas, a lo mejor tampoco...

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El gatuperio afiriente

martes, 2 de junio de 2009

Espuroca


Como la roca en que porfía y porfía el mar, me siento invulnerable.


Y aunque de cuando en cuando me desgajéis algún que otro cachito en algún arranque de ira, yo sé que no podréis conmigo.


Y aunque de cuando en cuando me cubráis con el beso de Judas, yo sé que no podréis conmigo.


Así que sabedlo: de la unión de la espuma con la roca no es posible que muera nada.

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El gatuperio róqueo

miércoles, 27 de mayo de 2009

IIXIIXII

IIXIIXII

Ya no vale acordarse
del camino que tomaste
para llegar hasta aquí,
del color del cielo
antes de que te anocheciera,
de las manos que te acariciaron
mientras ibas partiendo,
de las lágrimas que inundaron
las calles de mis pasos.
No vale. Es querer abarcar nada.

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El gatuperio ceptor

domingo, 10 de mayo de 2009

Metaficción

Un Cide Hamete Benegeli me ha escrito este correo electrónico:

      Distinguido señor Gatuperio,

      Tras haber leído muchos de sus escritos, deseo complacerle haciéndolo sabedor de un hecho particular. Anteayer, mientras conversaba tranquilamente con quien tal vez no debiera, enuncié esta teoría:

      La vida pone a todos y cada uno en su lugar. Tarde o temprano cada persona encuentra el final de su camino. Puede ser que alguna llegue a dar muchas vueltas, pero tan cierto es que llegará a su sitio como que algunos tomaron una línea recta que no abandonaron. Y si alguno llega a algún sitio y no es el que nos parece que le corresponde, es porque estamos equivocados y no hemos tenido en consideración de manera correcta la circunstancia que nos pone en relación con esa persona.

      Durante el silencio que poscedió me di cuenta de que había hablado como lo hubiera hecho el verdadero Gatuperio Ataráxico.

      Con estas letras espero simplemente hacerle llegar mi halago con una venia genuflexa en prueba de mi devoción.

Y yo le digo a este señor que no crea que me lo creo, que no por haberme tomado en serio alguna vez voy a creer que se halla en otro lugar.

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El gatuperio que sierva

miércoles, 29 de abril de 2009

Desamanecer


Por un momento me has mirado largamente.

Sí, tú. Tú me has mirado largamente. Y no creas, me ha dado tiempo a descubrir que mientras en un ojo se te muere el sol del rencor, en el otro te resquema un amanecer radiante.

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El gatuperio estereoscopicado

domingo, 26 de abril de 2009

Es una tarde de las que tardan



El actor principal hoy es un sol que no ha caído a plomo.

Este teatro no cobra la entrada para ver la función. No hay asientos de platea y el gallinero está imposible. Encuentras un lugar en alguna parte.

Sólo consigues abstraerte pensando qué más puede consumirse.

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El gatuperio crepuscular

sábado, 11 de abril de 2009

Noticia de Worcester

Me perdería la arrogancia si dijera que esperaba tus visitas. Bueno, tal vez más la segunda que la tercera, y siempre estas dos más que la primera. De todas formas, es totalmente falso que esas secretas esperanzas fueran auténticas esperas.

Tú ya me conoces de sobras y sabes que escribo así lo que siento asá.

Ha pasado poco más de un año y el tiempo te ha dado la razón: no soy de fiar ni de confiar. Ese camino que en su momento tomaste a mí me iba a llevar a ninguna parte, y es de justicia reconocerte que aunque pudiera parecer que la luz del sentido común no lo iluminaba demasiado, sí lo iluminó lo suficiente.

Al final, tanto fotografiarte puestas de sol fue el refugio de las ansias de amanecer; tal vez por eso lo que desde esta lejanía es mi ocaso, desde allí donde tú estés es tu despertar.

A todo esto, recuerdo con un punto de melancolía cómo el principio coincidió con la muerte de Umbral y cómo, pese a lo mucho que ha llovido y los muchos charcos en los que me he ido metiendo, sigo siendo tan vanilocuente como él sublime.

Puedo esforzarme en decir mucho porque sé que al final no habré dicho nada. Tal vez ni mereceré una tira de Mafalda por respuesta.

Y sabes que no me dará igual porque sabes que cualquier cosa que hagas será interpretada como respuesta. En sazón, lo más que me va a suceder es que no contestes, entonces ya sabré que no quieres saber nada; y eso es precisamente lo que más me va a doler: constatar como tu necesidad de aprender no pasa bajo el puente de mi estupidez.

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El gatuperio bimembre

martes, 7 de abril de 2009

Mirares adversativos

Tú me has visto y me has mirado más de la cuenta. No has parpadeado. No has dicho nada. No te ha importado lo que un poco más tarde hubiera podido suceder.

Uno podría pensar que parece claro que que tu futuro no es el mío, pero otro cree que cuando miras no miras pero miras, porque está convencido de tu mirada adversativa y de tu capacidad de ver lo que otros no ven donde ven lo que ven; a lo mejor es porque ves cosas que sólo quieres que puedan ser vistas por ti.

Yo sé que miras hacia dentro. Y que cuanto más lejos clavas más adentros miras. Y eso te impide apreciar lo que hay en tus afueras. Pierdes el tiempo en procurar que nadie más husmee en tu interior.

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El gatuperio lleco

miércoles, 1 de abril de 2009

Sendas de yerro

Trufado de reniegos, baldones, oprobios e imprecaciones, el camino de la culpa se recorre siempre con el rabillo del ojo, más pendiente uno de lo que sucede detrás, por si pudiérase rehacer, que no delante.

Calzarse con emperros no permite llegar más lejos; abjurar puede ser de cobardes, temerosos ellos más del infierno en la Tierra que de la espera, eterna, del tren de la redención en el andén de la culpa. Ese viaje al sueño de los justos sólo puede darse en comunión con uno mismo, asumido todo lo asumible y sin otro lastre que el de la propia propuesta de mejora. Esquivar cualquier intento de vindicación que no brote del propio manantial del sentido común se hace también imprescindible.

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El gatuperio estigmatizado

jueves, 19 de marzo de 2009

Que pase un día más

Ligeramente entrada la tarde, triste, ahíto del salitre de la vida, en lo más alto de sus acantilados, me he propuesto saltar al vacío del mar, sin más... Tan sólo esperaba una caída como las de los ojos de las felatrices cuando están a punto de rematar su arte. Pero en ese momento de suprema determinación e ímpetu inexorable, una ola anabática me ha hecho saber que la ley de la gravedad también puede quebrantarse.

Y ahora, salado por dentro y por fuera, me vuelvo a casa a esperar que pase un día más...

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El gatuperio salino

lunes, 9 de marzo de 2009

CCF

Para que grabe tu nombre en la corteza de un árbol debes merecer que te recuerde.
Para que te recuerde he de pensar en ti más de lo que piense en otras.
Para que pueda pensar en ti más de lo debido has de permitirme soñar contigo.
Para permitirme soñar contigo has de tener un punto el que pueda raptarte.
Para que pueda raptarte he de querer tu amor para siempre.
Para querer tu amor para siempre he de saber que tú querrás el mío.
Para que tú quieras mi amor...

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El gatuperio de finalidad

domingo, 8 de marzo de 2009

Hai de la vida

Pasa el tiempo.
Llueve sobre mojado,
yo ya he muerto.

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El gatuperio prohaijin

sábado, 28 de febrero de 2009

Las mujeres que no me gustan

Se me descubre una gran verdad: no me gustan las mujeres a las que gusto. No soy fan de ellas ni encuentro mucho aliciente en explorarlas.

¿Qué me sucede entonces? ¿Me gustan las mujeres a las que no gusto? ¿Me gustan las mujeres que no degusto? ¿Hay alguna posibilidad de que realmente me guste lo que no puedo conseguir para evitar llegar más allá del gusto? ¿Qué hay más allá del gusto? ¿Es posible volver de allí?

No, no me gustan esas mujeres.

¿Será porque les gusto? ¿Acaso la manera más facil de fintar a este gatuperio es mostrarle gusto e interés ?

Todas estas preguntas, y alguna que otra más que ahora no me viene, masturban mi existencia.

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El gatuperio tercioinquisidor

jueves, 26 de febrero de 2009

Turbión meridional

Su argavieso ha descargado en la llanura de mi sorpresa reproches y reproches de incoherencias y actos de omisión. Lo que no se hizo se ha convertido en un peligroso filo capaz de degollar hasta la más rastrera alimaña.

Pero claro, la sonrisa del pasmo ha dejado de pertener al pasmarote y el pasmarote se ha recuperado del pasmo cuando formulado el quiasmo de blasmo ha tenido un orgasmo al advertir el cleuasmo que implica tal sarcasmo y con entusiasmo se ha sumado a la producción de metaplasmo hasta llegar al propio pleonasmo del espasmo:

Yo te acuso de lo mismo que presumo y carezco de lo mismo que derrochas tú.

Y así, entre tú y yo, con el mismo camicace se ha derrotado y perdido en el mar del cilicio y el flagelo...

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El gatuperio tirabuzón

lunes, 23 de febrero de 2009

Entrampa del pellifino

Tiene la piel tan fina que al través pueden verse sus anhelos de paz, sus esperanzas de futuro y sus intenciones de veterano de mil guerras.

Tiene la piel tan fina que cualquiera diría que lo que le duele no son las jugadas de la vida ni los envites de los amigos, sino la lenta agonía del que se repite incesantemente que jamás debió confiar en sí mismo.

Tiene la piel tan fina que las puntadas que el olvido le dio en la herida todavía le tiran cuando está a punto de abrazarte.

Y entonces aprieta los dientes y entorna los ojos para que el dolor no le impida seguir queriéndote como lo que no eres, sabedor de que es peor la soledad que tu compañía.

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El gatuperio difidente

viernes, 20 de febrero de 2009

Fan

Estoy obligado a formar parte de mi club de fans. No es necesario que lo presida ni que tome parte en sus actividades a mayor gloria de mi gatuperiez. Tampoco quiero, pero me es básico declararme miembro de pleno derecho para poder gozar de coherencia a la hora de ser y actuar.

Otro pensará que bastaría con no unirse a un club contrario en caso de existir, que no es menester una militancia exprofesa y que basta con no ir por allí propugnando gustos.

Pero claro, para eso nos aplicamos el librepensamiento primero hasta más allá del undécimo punto del Manifiesto Futurista...

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El gatuperio hater

martes, 17 de febrero de 2009

al-kuhl

Alcohol en vena. Así, sin más. Una bajada al infierno del deseo: querías más y no podías parar. Más, y más y más y más...

La resaca se presenta brutal a su cita con el recuerdo. Te duele el hígado. Te duele muchísimo el hígado mientras descubres que en tu cuello algunas venas surcan los bajos fondos de tu garganta y que tu corazón se está empeñando en no dejar de acelerar jamás.

Te vas de la cama al sofá. Por el camino te emperras en palpar las paredes del pasillo; no, no te vas a caer, simplemente compruebas que siguen allí. El frío sofá te alivia unos segundos. Te bastan para jurarte que no vas a beber nunca más, ni siquiera agua, mientras tu moribundez empieza a remitir.

Entonces recuerdas todo aquello que no debiste decir.

Al rato todo se conjunta en una arcada de bellísima factura. Ha sido de digna admiración, mesurada en tempo y templada en ejecución. Es justo reconocer que el caudal podría haber sido más, pero ciertamente los tropezones tenían el tamaño preciso para no impedirlo y dar al conjunto del regúrgito la uniformidad necesaria para el ceremonial...

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El gatuperio alifático

lunes, 9 de febrero de 2009

Librepensamiento segundo

Todos son libres de hablar, pero en caso de hacerlo, nadie es libre de no escuchar. En todo caso valdría no prestar la atención necesaria como para darse cuenta de lo que se escuche.

Cabe la posibilidad de que quien hable no diga la verdad, o mienta, o acumule levedades; pero en tales casos, quien escuche, si realmente escuchare, podría no sentirlo como mentira o entenderlo como dogma, incluso no llegar a juzgarlo conveniente o tan sólo pensarlo un instante.

En ese último caso es preceptiva la consideración del librepensamiento primero.

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El gatuperio pro legislatrix