martes, 7 de septiembre de 2010

Indefinidos

Mucho antes del principio no éramos nada que fuera algo.

Durante el principio, tampoco éramos nada, aunque ya empezábamos a ser un poco de algo; no es que fuéramos mucho más que nada, pero ya era bastante.

Un tiempo tras, ya siendo bastante, decidimos no ser todo. En efecto, no éramos todo, aunque cuando estábamos lo fuéramos sin querer serlo. Cuando no estábamos éramos nada, un nada con un poco de algo, pero no el poco de algo del principio, sino un poco de algo de más tarde (que es tan algo que se acerca a poco de todo).

Ahora parece que somos mucho, estemos o no estemos, queramos o no queramos (aunque lo somos porque queremos, pese a que haya alguno no sepa qué y algún otro que sepa demasiado).

Y quienquiera que se atreva a querer más, mucho más, bastante más, todo más e incluso más de todo, no va a querer nada diferente que el demás que no se atreve a nada ni a menos que nada.

Y en eso estamos.

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El gatuperio difuso

viernes, 27 de agosto de 2010

Adiós

—De acuerdo... Pero ten muy claro que nadie te querrá nunca como yo.
—Ni Jamás.

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El gatuperio al punto.

jueves, 26 de agosto de 2010

Calma

El mar, quieto, en bandeja; sin olas, sin viento, sin corrientes, sin orilla ni arrullo, callado con ese silencio de cuando miro sin mirar y estoy conmigo sin estar.

El mar, desnudo y sin azul, casi que sin sal ni misterios, mudo, sin el murmullo de la brisa por entre las torres de los castillos de arena.

El mar, falso como las verdades de las caracolas y los contratos de arrendamiento de los cangrejos ermitaños, conteniendo la respiración cada vez que pienso en ti...

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El gatuperio en su orilla

viernes, 20 de agosto de 2010

Wis

El gatuperio daría cualquier cosa por sentir lo que siente ahora mismo el resto de sus días. Pero sabe que precisamente por eso, porque no es cualquier cosa lo que debe dar, debe apurarlo hasta las heces...

O decidir. O decidirse para siempre...

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El gatuperio consin

miércoles, 18 de agosto de 2010

Otros momentos

Te necesito cuando te necesito, no en otro momento. El problema es que empieza a haber otros momentos que están disconformes con su «en»...

—¿En qué lo notas?
—En que si hablamos empezaremos así cada frase...
—Entiendo...
—¿Entonces?

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El gatuperio palilálico

martes, 17 de agosto de 2010

Sobre las olas

Hay un quien que no quiere nada. El otro quien lo quiere todo. Entremedio no hay camino, ni espacio posible con que graduar adecuadamente las apetencias.

Un quien besa con los ojos cerrados, sabedor del triunfo de sus labios; el otro, no los cierra, besa vigilante con el celo del policía que está atrapando al más buscado delincuente.

—¿Cómo sabes si cierro o no los ojos?
—En realidad, no lo sé...

Y los dos sobre las olas. Un quien no nada y se ahoga; el otro, todo y se desahoga.

Y en eso estamos.

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El gatuperio a besos

martes, 10 de agosto de 2010

Urgencia

Ligero, ligero, gatuperito...

Corre, que el tiempo no te atrape, ni te roce, que su zarpa no te despedace contra los días y las horas y su aliento no te lance contra las manecillas mareadas de tanta docena...

Ahí, cabalga la ola de las prisas y besa con ella, veloz, la dorsal de todas las orillas que infructuosamente hayan querido pactarte...

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El mezzo del gatuperio

domingo, 8 de agosto de 2010

Arena entre los dedos

Ahora que ya estás otra vez frente a ese mar que tanto te atrae, y has dejado de querer alejarte tan pronto como te haya entrado por los sentidos, abandona la orilla y adéntrate en el agua hasta las rodillas, siéntate justo donde la ola es espuma y aguanta...

Si coges arena notarás que se te escurre entre los dedos como el tiempo, sin poder evitarlo, y aunque la saques fuera del agua seguirá yéndose, y, aunque cierres los dedos, seguirá yéndose... Y seguirá y seguirá yéndose hasta por los intersticios de tu experiencia.

Y, si algo queda, no lo olvides, no lo maletiquetes en los baúles de la memoria abriendo las palmas contra la espuma: lo que podía diluirse ya se diluyó, lo que podía escurrirse ya se escurrió... Y tú no eres nadie para deshacerte de lo que se te quedó...

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La ribera del gatuperio

lunes, 2 de agosto de 2010

Tras los puntos suspensivos

Tras los puntos suspensivos existía el infinito; era cuando te ensortijaba los cabellos con los dedos mientras te besaba lárgamente las comisuras y el cuello. Y tu sonrisa era una sonrisa, y tus brazos me sostenían para no caer en él.

Todo ello era apreciable porque me concentraba en señalizar los caminos de tu espalda en un intento de recorrerlos con los otros dedos sin pasar dos veces por una misma encrucijada, convencido de que por algún lugar se llegaba a alguna parte.

Tras los puntos suspensivos existía ese lugar, desconocido y agradable, una estación terminal en la que descubrir nuevas sensaciones y apacentarse a la vera del tiempo sin que su fluir preocupara nunca más.

Yo lo ví, yo lo vi como veo ahora que nunca habría podido llegar a él solo y sin ayuda, y que todas las cartas, los planos y los mapas que llevaban allí eran billetes dobles...

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El marear del gatuperio

viernes, 16 de julio de 2010

Puntos suspensivos

Si la vida ordenara su periodos con signos de puntuación ahora mismo estaría en el primero de los puntos suspensivos. Y en esa dulce incerteza te haría un hueco para que pudieras domirte a mi lado y te arroparía con paréntesis de invierno y sobrecamas de punto y aparte.

—¿Y por qué no lo haces?
—Porque tras los puntos suspensivos se halla el infinito...

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El gatuperio cran

Pensar mucho

Pensar mucho en el final de algo implica desatender su propio desarrollo. Es la perversión del que no quiere un determinado final y con tal de no tenerlo modifica todo un curso. Entonces lo que deviene ya no es nada de lo que pudo ser.

Pensar mucho en el principio de algo no parece muy contrario a lo anterior, pese a que implica desgobernar suficientemente la nave como para que entre en cualquier rumbo de colisión. Entonces sucede lo que sucede.

Uno prefiere centrarme en el presente, vigilar y manejar con la destreza de la conciencia; saberse completo a cada momento y satisfecho de la experiencia.

Pero, por desgracia, para llegar a esta conclusión uno ha tenido que pensar mucho...

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El gatuperio ocurrido en sexta

jueves, 15 de julio de 2010

Revuelto

Sucede que me preocupa el durante, y no puedo dejar de pensar si es por el antes o por el después. Y lo peor de todo es que pese a que sea durante, aún no ha llegado, por lo que es un tras ahora.

—Entonces ahora te precupa lo que venga tras ahora.
—No, me preocupa durante ahora.
—No, no, todavía no es ahora, por lo tanto no puede preocuparte lo que no está sucediendo.
—Por eso no sé si es antes o después.
—Pues si no va a ser ni uno ni otro, preocúpate por el jamás.
—Y si son los dos, ¿no será mejor preocuparse del siempre?
—Ya estás en el siempre... No le tengas miedo.
—Y yo que creía estar en el nunca...

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El gatuperio gatuperio

lunes, 12 de julio de 2010

Rizos

Escaleras abajo se te escapan los rizos hacia mundos increados, incoloros e inconcretos. Cuento espejos con la esperanza de reflejarme en tinguno.

—En ninguno
—En tinguno.

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El gatuperio liso

lunes, 5 de julio de 2010

Consulta

El gatuperio cumple sus máximas mientras espera que otra no sobrepase sus marcas, pero al final, se traiciona a sí mismo, desesperado ante la constatación de marcas elásticas y cabellos al son ágrafo de una noche de verano.

Y en eso está, sentado en la sala de espera junto a la afasia, la discalculia y la disartria.

—Oye, ¿y tú a qué vienes aquí?
—A enseñarte mi etiología...

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El gatuperio bastardo

sábado, 3 de julio de 2010

Hiperbolia

En un espacio euclídeo, la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos.

—¿Y en uno gatuperiano?
—Es cualquier segmento que atraviese tu marca...

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El gatuperio elíptico

sábado, 26 de junio de 2010

Sosquín

Existe una tristeza paralela a la realidad. Existe un puño que aprieta el estómago, sin dedos ni uñas. Existe un desasosiego que no aparece en ningún diccionario porque todo el mundo sabe que sobreviene cuando se es huérfano de abrazos y confianzas.

Existe una melancolía de otros tiempos que solo la esperanza en el mañana mitiga, aunque cuando llegue uno constate que siempre es hoy y nunca mañana...

Y en eso estamos, en soslayar...

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El gatuperio aterido

lunes, 21 de junio de 2010

Concierto

Que podía tocar el tambor de tu espalda con las yemas de los dedos, era algo que sabía. Que su piel era tersa pero firme, era algo que intuía. Que al son de la melodía los dedos me iban a recorrer buena parte del país de mis deseos, era algo con lo que soñaba...

Pero que la orquesta de tus labios, al compás marcado por la batuta de tu lengua, tocara una melodía de acompañamiento... No estaba previsto.

Tendremos que volver a concertarnos...

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El gatuperio solista

Furia

A uno le gustaría poder detenerse en una sensación y experimentarla en su plenitud, de tal manera que no hubiera ni resquicios ni alividaderos ni recovecos en ella... Y eso ocurre cuando la tristeza deviene en única y verdadera, como el sol de mediodía de agosto; o cuando el odio aflora por los poros como la sangre por las heridas abiertas...

Entonces sucede que las lágrimas se convierten en lo más dulce que puede percibirse y por el estómago caen a un agujero negro todas las convenciones sociales. Uno quiere estar solo y con soledad se acoraza de otros y del resto.

Quiero esa emoción para dominarla y forjarme con ella una mirada que me permita incendiar corazones y una lengua que pueda morderme sin que su veneno ni su furia me puedan. Quiero esa emoción para afilar en ella el cuchillo de la venganza y tenerlo siempre preparado...

Y la quiero ya.

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La saña del gatuperio

viernes, 18 de junio de 2010

Decadencia

Atardecen las sombras.

El camino ha sido largo. A pie de arena él da calada tras calada. Ella le marca la distancia sin dejar que se acerque. Él da una calada larga y antes de hablar sopesa cada palabra.

—No quiero que hipoteques tu futuro con un tipo como yo, muñeca... —dice con seguridad mientras expulsa el humo, tras acabar añade— Mereces algo mejor.
—Oh, no, Hunfredo, no digas eso —protesta ella mientras cierra los puños fuertemente queriendo contener lo incontenible, pero le es inútil —. Yo... Yo te amo, Hunfredo...
—Nena, todavía eres demasiado joven como para saber lo que dices —asevera mientras alarga la mano y la acerca hacia sí sin aviso previo—. Cállate y bésame...
—Oh, Hunfredo...

Cada uno siente que el único aire posible proviene del otro.

Música.

Contrapicado.
Plano general del horizonte.
Fundido en negro.

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El gatuperio theend

Aserto del final

El camino a veces no tiene otro final que el final y, aunque parezca paradójico, ese final en ese momento no es el final que uno desea.

—¿Y qué final desea?
—Un final que no sea final.
—Pues empieza por un principio que sea principio.

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El gatuperio contradicto