jueves, 26 de febrero de 2009

Turbión meridional

Su argavieso ha descargado en la llanura de mi sorpresa reproches y reproches de incoherencias y actos de omisión. Lo que no se hizo se ha convertido en un peligroso filo capaz de degollar hasta la más rastrera alimaña.

Pero claro, la sonrisa del pasmo ha dejado de pertener al pasmarote y el pasmarote se ha recuperado del pasmo cuando formulado el quiasmo de blasmo ha tenido un orgasmo al advertir el cleuasmo que implica tal sarcasmo y con entusiasmo se ha sumado a la producción de metaplasmo hasta llegar al propio pleonasmo del espasmo:

Yo te acuso de lo mismo que presumo y carezco de lo mismo que derrochas tú.

Y así, entre tú y yo, con el mismo camicace se ha derrotado y perdido en el mar del cilicio y el flagelo...

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El gatuperio tirabuzón

lunes, 23 de febrero de 2009

Entrampa del pellifino

Tiene la piel tan fina que al través pueden verse sus anhelos de paz, sus esperanzas de futuro y sus intenciones de veterano de mil guerras.

Tiene la piel tan fina que cualquiera diría que lo que le duele no son las jugadas de la vida ni los envites de los amigos, sino la lenta agonía del que se repite incesantemente que jamás debió confiar en sí mismo.

Tiene la piel tan fina que las puntadas que el olvido le dio en la herida todavía le tiran cuando está a punto de abrazarte.

Y entonces aprieta los dientes y entorna los ojos para que el dolor no le impida seguir queriéndote como lo que no eres, sabedor de que es peor la soledad que tu compañía.

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El gatuperio difidente

viernes, 20 de febrero de 2009

Fan

Estoy obligado a formar parte de mi club de fans. No es necesario que lo presida ni que tome parte en sus actividades a mayor gloria de mi gatuperiez. Tampoco quiero, pero me es básico declararme miembro de pleno derecho para poder gozar de coherencia a la hora de ser y actuar.

Otro pensará que bastaría con no unirse a un club contrario en caso de existir, que no es menester una militancia exprofesa y que basta con no ir por allí propugnando gustos.

Pero claro, para eso nos aplicamos el librepensamiento primero hasta más allá del undécimo punto del Manifiesto Futurista...

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El gatuperio hater

martes, 17 de febrero de 2009

al-kuhl

Alcohol en vena. Así, sin más. Una bajada al infierno del deseo: querías más y no podías parar. Más, y más y más y más...

La resaca se presenta brutal a su cita con el recuerdo. Te duele el hígado. Te duele muchísimo el hígado mientras descubres que en tu cuello algunas venas surcan los bajos fondos de tu garganta y que tu corazón se está empeñando en no dejar de acelerar jamás.

Te vas de la cama al sofá. Por el camino te emperras en palpar las paredes del pasillo; no, no te vas a caer, simplemente compruebas que siguen allí. El frío sofá te alivia unos segundos. Te bastan para jurarte que no vas a beber nunca más, ni siquiera agua, mientras tu moribundez empieza a remitir.

Entonces recuerdas todo aquello que no debiste decir.

Al rato todo se conjunta en una arcada de bellísima factura. Ha sido de digna admiración, mesurada en tempo y templada en ejecución. Es justo reconocer que el caudal podría haber sido más, pero ciertamente los tropezones tenían el tamaño preciso para no impedirlo y dar al conjunto del regúrgito la uniformidad necesaria para el ceremonial...

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El gatuperio alifático

lunes, 9 de febrero de 2009

Librepensamiento segundo

Todos son libres de hablar, pero en caso de hacerlo, nadie es libre de no escuchar. En todo caso valdría no prestar la atención necesaria como para darse cuenta de lo que se escuche.

Cabe la posibilidad de que quien hable no diga la verdad, o mienta, o acumule levedades; pero en tales casos, quien escuche, si realmente escuchare, podría no sentirlo como mentira o entenderlo como dogma, incluso no llegar a juzgarlo conveniente o tan sólo pensarlo un instante.

En ese último caso es preceptiva la consideración del librepensamiento primero.

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El gatuperio pro legislatrix

viernes, 6 de febrero de 2009

Librepensamiento primero

Nadie es libre de pensar. Todos debemos hacerlo. A lo mejor la gracia está en vivir de manera mecánica; si es así debería ir pensando en interiorizar más mi vida y aprendérmela bien de memoria, afinar sus engranajes y engrasar bien todos los rodamientos...

Y apretar los dientes, apretarlos bien para que nada se salga de madre cuando me dé cuenta de que al optar por despreocuparme te habré perdido toda preocupación...

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El gatuperio displazado

sábado, 31 de enero de 2009

Tres opiniones

¿Qué buscas bajo mis sábanas? Sabes que no hay nada que no te haya dado todavía, pero aun así, lo quieres todo.

Uno podría pensar que lo haces porque tienes miedo de que no te quiera dar ya nada; pero otro objetaría que entonces sería más sencillo no dejar que llegaras ni a la habitación.

Un tercero es partidario de dejarte recorrer todos los caminos para que seas capaz de decidir por cuáles puedes pasar y por cuáles no, en qué ventas hay gigantes y en qué ventas, odres, y tras qué curvas es mejor apretar el paso para que la luz del anochecer no te tinte la sombra de tristeza...

Al final este gatuperio está convencido de que los tres encontrarán su camino vayan por donde vayan.

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El gatuperio liberal

martes, 27 de enero de 2009

Tres flemas

Flema CCCVXIII

Tus derivas se resumen en ponerle nombre a las cosas, colorear los sentimientos, mirar hacia el oeste, correr tras el arco iris y soplar a barlovento. Y en ninguna ocasión dejo de aviarte, cada vez dispones de buena mar en mis caladeros y faenas tranquila. Pero que duermas el sueño de la razón y me produzcas no implica que siempre esté dispuesto a abrazarte.

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Flema CCCVXII

Esta red que nos atrapó está entretejida de dias y noches y se agranda y aumenta con la memoria. Cada cosa que recuerdas se anuda a las anteriores y forma nuevos nudos de referencia de los que no es posible saber el camino correcto. A veces, por un puro azar afortunado, tomas vías que te alejan de ellos y caes en los agujeros del olvido.

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Flema CCCVXI

Me parece que sueñas cuando entre tus dedos llora el viento porque se le atasca la cola entre los dientes y cree que le vas a morder. No despiertas, no despiertas y el viento llora porque no le dejas ir; aunque no sea nada, es libre, y no quiere pudrirse junto a ti. Sueñas, pero las pesadillas son mías.

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El gatuperio expectorante

martes, 20 de enero de 2009

Saber

Sé lo que sé porque cuando lo sé, lo sé. Y sé lo que no sé porque cuando no lo sé, también lo sé. Así que lo sé todo porque en cualquier caso lo sé.

A modo de ejemplo puedo afirmar que sé que ya tengo cavado el hoyo de mi memoria, y que en él se puede prever una hornacina para la ceniza de tu compañía, aunque sea una decisión que no hayas tomado todavía.

De la misma manera, puedo afirmar que no sé en qué momento me honrarás con tu presencia bajo la sábana de la pasión, ni si llegarás a hacerlo jamás. Y sé que eso me carcome, me pudre y me descarna hasta dejarme en el puro hueso de la palabra deseo.

Y ahora me doy cuenta de que también sé que saberlo todo mata tanto como no saber nada.

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El gatuperio vocinglero

sábado, 17 de enero de 2009

Éloquehai

No quiero aceptar que puedo aceptar lo que quiero. En eso tienes razón cuando te preguntas si es complicado ser como soy.

Más allá de cualquier otra reflexión seguro que se está mejor, y que las noches son luminosas, pródigas en canallas, risas y licores, alargándose hasta maitines enroscadas en conversaciones metafísicas.

Y seguro que en ellas tendría mi espacio acotado fácilmente, porque sé que tengo en la palabra y en el trato un arsenal infinito con el que puedo ganar cualquier guerra.

Sí, seguro. Pero mi natural irresoluto titubea y me tutea el destino...

Y claro, no hay quien se decida.

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El gatuperio gangante

martes, 13 de enero de 2009

Compañeros de viaje

Este gatuperio suele coger el autobús para volver a casa y se entretiene pensando en si Dios puede ser uno de sus compañeros de trayecto.

A días cree saber que no es ninguno de ellos, pero a veces sabe que se sienta allí, unos asientos por delante. Y nunca es igual. Puede ser cualquiera...

Y el gatuperio sabe que es él porque en un momento dado cruzan la mirada y en sus ojos puede ver que toda su angustia es finita y que su desazón finalizará suavemente como una playa...

Y entonces se olvida de bajar en su parada y agota las estaciones del trayecto pensando en cómo será un chapuzón allí.

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El gatuperio oscitante

domingo, 11 de enero de 2009

Aditamento, adverbio y cuestiones conexas

Funcionemos estructurando...

Aditamento
No considero que tenga aditamento. Y, si lo tuviera, su elisión no modificaría mi sustancia de contenido. Cumpliría con la premisa de movilidad e incluso podría desempeñarse como circunstante de oración y no sucedería nada. Posiblemente todo esto sea debido a fenómenos paralelos a la tematización.

Adverbio
El deseo es adverbial, cuando deja de ser deseo es ya obra, por eso mejor desear que obrar. Otra cosa es la presentabilidad o impresentabilidad del deseo, la propiedad del adverbio que se define así: el modo por el que se apuesta cuando se mantiene una relación sin estar sometido a perturbaciones externas. Yo siempre fui un perturbado, ¿a qué extrañarse si consecuentemente soy también un impresentable?

Cuestiones conexas
Pues sepa vuesa merced que la cuestión fundamental es que a mí me dio por escribir tonterías en el cuaderno de bitácora de un velero que no se hizo nunca a la mar. Las otras, las conexas, derivan todas de llorar fingiendo ser otro.

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El gatuperio sin suplemento

martes, 6 de enero de 2009

No me habéis dejado nada

Porque os lo pedí todo.

Y es que todo lo que os pedí, para vosotros no era nada, pero a lo mejor considerasteis que para mí era demasiado. Otro podría creer que si no era mucho era más bien poco, y que al menos algo os deberíais haber estirado...

En fin, puesto que al menos no me habéis quitado nada, porque por otra parte tampoco tengo nada, quiero que sepáis que yo sí os lo brindo todo. Y que os agradezco el desvelo.

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El gatuperio ilusionado

viernes, 2 de enero de 2009

De la creación

La creación, entendida como acto creativo puro y lo que produce, no es un estado consciente del gatuperio, es un padecer transitorio de no más secuela que su propia acción. Pero qué secuela.

Me explico; últimamente, crear ya no conlleva la resaca de la mañana de alcoholes ni el sueño del anochecer en la obra, porque incluso en estos extremos hay diferencia entre lo hecho y su repercusión posterior y la propia consecuencia del hacer (ponga usted la coma donde le venga en gana). Ahora crear no es un hacer ni un obrar, es algo tangible y demostrable en la medida en que es, y aunque sí puede decirse que el acto en sí puede tener un desencadenante, cabe no olvidar que puede ser lo mismo que para una mecha un fósforo.

Del crear hay que desgajar la creación: la creación no es un estado propicio a crear, crear es una acción propicia a un estado de creación, por ello mismo no se da la creación sin el crear, y por ello no hay una secuela secuenciable, que pueda constituirse de suyo en narrativa, sin filiaciones. Así pues, es posible la inducción de un pensamiento en el que se aplique a la creación la definición propia de un estado desdoblado del ser creador, en el cual la relación doble y bilateral entre estado normal y estado creador venga dada no por la realidad de un cierto desdoblamiento, sino por la relación entre conciencia normal y sustancia creada (entendiendo por sustancia el producto del estado creador) .

En el momento en que uno ya puede colocarse frente al gatuperio y se observa en plena creación, puede afirmar que ha accedido al estado necesario para crear y que se dé la creación, y entonces también puede observar cómo es un estado que produce adicción per se, entendida cómo estado de abstinencia entre creación y creación, y, sí, es cierto que se puede dar en mayor medida de lo previsto. Podemos entender esto último si consideramos que la creación obedece, se motiva y responde a una necesidad de expresión del espíritu que no halla en cauces habituales un lugar en el que plenamente realizarse.

Y por ello robo, y muto y canibalizo. Perdonen entonces la falta de originalidad de algunos de mis últimos escritos y pasen a considerarlos como la dosis desesperada del yonqui...

O no la perdonen. A mí, realmente me da igual.

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El gatuperio cabalgante

jueves, 1 de enero de 2009

El espejo del comedor

Esta mañana el espejo del comedor no me ha devuelto mi reflejo, se ha reído de mí y me ha enseñado cómo fue mi velatorio. Al verme vestido negro me he extrañado, luego me he dado cuenta de que me acompañaban mi esposa y mis hijos.

Curioso para un abandonado como yo: ella se fue y a ellos no se les preguntó si querían ser nacidos. De hecho hasta dudo de si a ella se le preguntó si quería ser desposada. A lo mejor se lo preguntó ella y aún anda buscando la respuesta. Llora como no lloró el día que se fue. Mis hijos me susurran al oído por qué no fueron nacidos y yo sólo puedo pensar que se lo pregunten a su madre. Alguien ha abierto una botella de coñac y corre de mano en mano. Los hay que beben a la salud del muerto, los hay que beben a su salud y los hay que ni siquiera beben porque les basta con mojarse los labios...

Y todo ha durado nada y en un momento me vuelvo a ver: camisa, corbata, americana. Con la misma mirada estúpida de cada día tras la misma coraza engreída de los que nos creemos superiores sin serlo.

Uno no puede vivir siempre de espaldas a la realidad que se ha creado, por mucho que quiera que sea la que los demás perciban. Uno no puede huir siempre porque no se puede huir de uno mismo. Uno no puede siempre querer ser siempre lo que quiere ser porque una mañana cualquiera se mirará al espejo del comedor y este le recordará que no es más que lo que es...

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El gatuperio desazogado

martes, 30 de diciembre de 2008

Espurena

Ahora que no puedo ir, me da por recordar paseos por la playa: paseos al amanecer, tras haber pasado una larga noche, paseos a mediodía, al atardercer...

Y pienso en toda esa arena mojada de la orilla, y en toda esa espuma del mar, y en que cada vez que paseaba yo quería que fueran las mismas; pero nunca lo eran. Porque más tarde, siempre más tarde, el mar borraba toda huella, y el viento esparcía toda espuma.

Y lo más curioso es que en ese momento lo que me maravillaba es que esa combinación de agua, arena y viento pudiera producir espuma, y que luego el propio viento la esparciera. Pero ahora lo que me maravilla es que pase lo que pase, la playa y el mar sigan allí...

Y eso es lo que ha de importar.

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El gatuperio libanés

domingo, 28 de diciembre de 2008

Bajo la bóveda

Que la vida tiene ciertas sonrisas es algo harto sabido. Son momentos en que el encanto de unos labios y el embrujo de una mirada conllevan la conciencia de lo indeseado como inevitable. Y saber que no puede ser le confiere a todo ello un halo de senda torcida pero placentera a la que es difícil resistirse.

Y como tiene sonrisas, tiene guiños y mordiscos y lágrimas... Tiene cadenas invisibles e inasibles que impiden toda huida de la realidad. Tomar conciencia de todo esto es complicado hasta que no se acepta como válido el hecho inicial. Entonces lo duro es enderezar la senda y retomar el camino que debe conducir hasta las metas de la existencia (y no quisiera que de esta última proposición se llegara a inferir que existencia y vida se equivalen y corresponden de manera simétrica; es fundamental para comprender correctamente estas líneas).

Obstinarse en sonrisas (o guiños o mordiscos o lágrimas) no conduce más que al fracaso, entendido como un situarse fuera de la tierra pisoteada de la senda y pisar la hierba que el rocío de todo lo nuevo empapa; porque obstinarse es no aceptar una parte de la realidad; y quien no acepta no da, y, por lo tanto, tampoco recibe.

El hecho de la resignación es un atajo que en contadas ocasiones une el pasado y el futuro de la propia experiencia vital, pero normalmente se queda en un mero parche del presente que tarde o temprano se revelará inútil. Todo lo que conlleva la circunstancia no tiene por qué ser bien recibido, pero no debe ser jamás rechazado, al fin y al cabo la circunstancia es uno mismo y uno mismo es la circunstancia.

Y de nada sirve esquivarse.

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El undécimo gatuperio tras el día

sábado, 27 de diciembre de 2008

Pensar tu nombre ahora envenena mis sueños

Hoy me levanto cernudo tras comprender que mis brazos son nubes y que me va a ser imposible estrechar nada mientras así sea. Pero, de pronto, el viento escapa a estos insomnios y recorre los vastos jardines sin aurora en busca de la barraca del olvido, y los llena de la misma manera que se llena la soledad, de él mismo, de tal manera que lo único importante es que quiero estar solo en el sur...

Quizás mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta;
y esa voz no se extingue como pájaro muerto:
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

Y claro, a todo esto, en otra parte, en otro momento, me siento ruin, y cretino, y de tal manera, además, que esos sentimientos no se excluyen, porque no puedo dejar de pensar que el destierro y la muerte, para mí, estarán donde no estés tú...

Y me sorprendo, dormido a la vera del camino, repitiéndome a mí mismo...

No. Eres tú quien sueña sólo
aquel efecto noble compartido,
cuyos ecos despiertan por tu mente desierta
como en la concha los del mar que ya no existe.

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El gatuperio bidón

lunes, 22 de diciembre de 2008

El hombre del momento

Para lo bueno y para lo malo, eres el hombre del momento. Estás en boca de todos y todas querrían tenerte en la boca. Y no sabes por qué. A lo mejor porque la realidad que ofreces ha sido pasada por el cedazo de un comportamiento socialmente reprobado, o porque no es posible saber en ningún momento si cuando hablas dices la verdad o la mentira, o ambas a tiempo y vez.
 
Eres el deseo de todos cuando todas te desean. Y no puedes ir dudando a cada paso, has de pisar fuerte y hacer retumbar el suelo, dejar de ser rastrero y no sembrar de dudas el camino. Piensa: de noche la senda ha de ser iluminada por tus huellas.
 
Pero vacilas como un cirio pascual en el presbiterio, como un eyeliner en manos de una niña, como una sonrisa en un funeral... Y aunque realmente sea como el barco que pese al zarandeo de la tormenta sigue su rumbo, vacilas. Y a cada paso la culpa es pena y la pena es penitencia. Y en eso estás y de ahí no sales...
 
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El gatuperio triste
 

lunes, 15 de diciembre de 2008

La caza del cazador

Y llegaste. Te escurriste hasta mi apostadero porque, confiado en tu habitualidad, no reparé en el peligro de tus ojos ni en la posibilidad de un ataque tan nocturno.

Y atacaste, con las garras retraídas para no herirme mientras entreabrías los labios para inocularme tu veneno. No hubo posibilidad de respuesta. Vacié mi cargador de besos y abrazos, pero tu mirada me dirigió una sonrisa definitiva...

Y me cazaste. Y para que otros supieran que me habías cazado tuve que mostrar mi piel desde los barrotes de esta jaula.

Y ahora que ya no cierras la puerta no sé hasta cuándo sobreviviría sin volver al calor de tu regazo.

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El gatuperio perio